Visiones.

La segunda parte del libro está compuesta por cinco visiones de profundo significado, en las que se insertan el incidente de Amós con el sacerdote Amasías (7,10-17) y un oráculo contra la clase poderosa del reino del Norte (8,4-14). Conviene resaltar algunas de sus características: 1. La visión como constitutiva del ministerio profético. 2. La urgencia interior del profeta, que le obliga a hablar «a tiempo y a destiempo, con ocasión y sin ella». 3. La intercesión del profeta por el pueblo. 4. La independencia del profeta respecto al poder y al poderoso de turno. 5. La conciencia de su identificación con la causa del Señor, que coincide perfectamente con la del empobrecido, del marginado, del sin-nada. 6. La experiencia profunda de Dios, que le lleva a la firme convicción de que la palabra que anuncia es Palabra de Dios. 7. El verdadero profeta no se «gana» la vida profetizando; al profeta asalariado no le importa mucho la causa del Señor, sino la de su amo, que nunca coincide con la de los empobrecidos.

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