Este oráculo emplea la metáfora del matrimonio para mostrar la iniciativa de Dios en su elección de Israel y su amor expresado en la alianza que el pueblo ha rechazado (cfr. Os 1-3; Jr 2,2; 31,32; Is 50,1; 54,5-6). El Señor había escogido y formado con ternura a Israel, su pueblo, para expulsar a los cananeos, amorreos e hititas que habían profanado la tierra prometida (44-52; Lv 14,24-25). Con dolor, Dios constata que el pueblo se volvió aún peor que sus predecesores contaminándose con sus abominaciones.
