Jerusalén se compara a una vid silvestre cuya madera es inútil y cuyo fruto puede ser venenoso (2 Re 4,39-40). Si Dios no cultiva la vid, esta pierde todo su valor y razón de ser (cfr. Is 5,2; Jr 2,21).
Jerusalén se compara a una vid silvestre cuya madera es inútil y cuyo fruto puede ser venenoso (2 Re 4,39-40). Si Dios no cultiva la vid, esta pierde todo su valor y razón de ser (cfr. Is 5,2; Jr 2,21).