Tercer «ay», esta vez contra la violencia sobre la cual se han construido tantas ciudades.

También la ciudad posee aquí un sentido real y otro metafórico, en cuanto indica o sintetiza la imagen de todo el imperio. Ni la ciudad ni el imperio podrán gozar eternamente de felicidad y bienestar, porque sus fundamentos se sostienen sobre la sangre de los inocentes y los empobrecidos.

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