Pozos.

Se repite la misma mentira de Abrahán en Egipto y en Guerar. Tanto el padre como el hijo están más interesados en salvar su propia vida que la de sus respectivas mujeres. Es evidente que, en esta actitud engañosa, el único beneficiado es el varón; la vida –tanto de Sara como de Rebeca– queda expuesta, sin que ello parezca importar ni a Abrahán ni a Isaac. Es extraño que no haya un «pronunciamiento» contra este proceder, aunque sí aparece en las tradiciones sobre Abrahán y en las de Isaac; quizá es para indicar que, a pesar del proceder retorcido de los patriarcas, Dios continúa guiando prodigiosamente la historia. Los incidentes y el diálogo entre Abimelec e Isaac reflejan las luchas cotidianas por defender un pedazo de tierra y por tenerla irrigada para el cultivo o el ganado. Tierra y agua, dos elementos vitales que atraviesan todo el pensamiento bíblico. La mención de Esaú en el versículo 34 prepara su futuro rechazo en 27,46.

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