Nuevo censo.

A las puertas de la tierra prometida, con la travesía prácticamente terminada, se hace necesario un nuevo censo por dos motivos: primero, para comprobar que ninguno de la primera genera-ción estuviese presente (64s); y segundo, para repartir la tierra entre las tribus (53s).
Si se compara el número de censados en el Sinaí (603.550 en 1,46) con el censo de las estepas de Moab (601.730 en 51), la diferencia es muy pequeña (solo 1.820 personas). Sin embargo, en el versículo 62 se registran 23.000 varones mayores de un mes que, aunque no se consignaron entre los demás israelitas, nos indican que la población había aumentado en lugar de disminuir, pese a las muertes registradas en el desierto. Esta puede ser la intencionalidad teológica del capítulo: la fidelidad provi-dente de Dios y su compromiso con la vida. A pesar de que las circunstancias del desierto y el comportamiento de Israel pudieran haber conducido a la desaparición del pueblo, ese compromiso y esa fidelidad de Dios han hecho que la vida progrese y no retroceda.

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