Esta consiste en anunciar que el Mesías esperado por los judíos vino también para los paganos. Un gran secreto que Dios guardó durante muchos siglos –dice el Apóstol, refiriéndose a la historia de Israel–. La riqueza de Cristo se desborda ahora y se reparte entre todos. Esta es la gran revelación de la que Pablo está orgulloso y que lo espolea en su ministerio.
