Resaltando que todas estas normas y preceptos serán el proyecto de vida del pueblo para cuando «crucen el Jordán», Moisés sigue instruyendo a los dirigentes de la comunidad para que sean ellos los responsables de mantener esta ley. Los versículos 15-26 enumeran una lista de abominaciones que deben ser erradicadas del pueblo cuando habiten en la tierra que el Señor les dará. La lista se abre proclamando maldito a quien incumpla el mandato religioso de no hacerse imágenes divinas (15); el resto de las maldiciones tiene que ver con el incumplimiento de preceptos que afectan a la responsabilidad respecto a la vida y respecto a las sanas relaciones sexuales.
El versículo 26 resume todos los artículos de la ley no mencionados aquí, pero que el pueblo sabe que son de cumplimiento obligatorio. En época tardía, la interpretación rabínica llegó a acumular 613 mandamientos, todos cobijados por la misma gravedad de cumplimiento: «Maldito quien no mantenga los artículos de esta ley poniéndolos por obra». Es evidente que, a ese paso, la gran mayoría de los israelitas estaba «bajo la maldición» de la ley por incumplirla. Pues ese es el ambiente en el que nace y crece Jesús, y de esa maldición es de la que Él ha liberado a quien escucha la Buena Noticia de libertad y de amor misericordioso del Padre.
