Ley sobre el altar.

El israelita vive entre vecinos que practican el politeísmo, pero sabe que el Señor es invencible, trascendente y, por tanto, imposible de representar en imágenes. Cuando Israel cayó en la tentación de representar a Dios, el grito de los profetas no se hizo esperar. Esa repulsa de Dios por verse representado en imágenes sería una forma pedagógica de llevar al pueblo a descu-brirlo en el hermano y en la creación, no en una estatua. Ligada a la prohibición de las imágenes está la ley del altar. Presupone una época muy posterior a la vida del pueblo, ya asentado en la tierra prometida y con santuarios en muchos lugares del país, todos con el mismo valor e interés religioso. El altar no debe ser suntuoso, porque la suntuosidad roba al corazón su lugar central en el culto.

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