La sequía.

Una prolongada y mortal sequía es el motivo de esta especie de diálogo entre el profeta y su Dios. Los vv. 1-6 describen los efectos devastadores del fenómeno que azota a hombres y animales, lo que da pie a que el profeta dirija una oración a su Señor en nombre del pueblo (7-9); en ella se subraya el reconocimiento de la desobediencia y la infidelidad del pueblo (7) y se insiste a Dios para que intervenga y no se quede indiferente ante semejante situación (8s). El Señor responde negativamente y, al mismo tiempo, revela su intención de pedir cuentas al pueblo (10).

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