El toque final a todas las obras descritas lo da, definitivamente, la llegada de la nube que envuelve la Gloria del Señor y viene para llenar el Santuario. Para la corriente sacerdotal (P), este detalle es de capital importancia porque es necesario que en la conciencia israelita quede muy claro que esa misma nube y Gloria de Dios que un día se posó en el Sinaí (Éx 24,15b-16a) es la misma que ahora «llena» el Santuario (34). Por tanto, el Santuario del desierto compendia la experiencia teofánica del Sinaí y la perpetua. Todo lo que Moisés y el pueblo hicieron para que esa Gloria del Señor mantuviera su presencia en medio de ellos es aprobado por Dios mismo, y el signo de esa aprobación es que se posa sobre la tienda y llena al Santuario. Además, se con-vierte en señal de partida o de acampada en el desierto. Esta presencia es, por tanto, guía y compañía para el pueblo. Para los israelitas que viven en el exilio, esta es una «buena noticia», ya que pueden soñar con una restauración en la que la presencia de Dios no les falte más.
