[A] Mandato del Señor – [B] Ejecución de las órdenes.

Si bien la construcción del Santuario y todos sus aditamentos han estado en manos de artesanos especialmente dotados para ello, el montaje, el ensamblaje y la consagración de cada objeto y de los sacerdotes para el culto corresponden exclusivamente a Moisés. Todo es muy importante para la escuela sacerdotal (P). La fórmula «todo fue hecho ajustándose a lo que el Señor había mandado» se repite, con ligeras variaciones, ocho veces en este pasaje. En la mentalidad teológica sacerdotal (P), hay una preocupación específica: Israel es el lugar de la presencia divina y, como tal, ha de ser un lugar convenientemente dispuesto para que esa presencia esté siempre allí, para que no vuelva a correr el riesgo de ser desplazada por potencias extranjeras. Recorde-mos que esta construcción, con todos sus detalles, es una elaboración ideal, probablemente del tiempo del exilio; el objetivo es reanimar al pueblo y proyectarlo hacia el futuro como un pueblo santo, gracias a la permanencia definitiva del Señor en medio de su pueblo. Y el vehículo, el medio que hace posible esa permanencia divina, será el culto, realizado por personas especialmente escogidas y consagradas desde los orígenes mismos de Israel como pueblo.

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