A los sacerdotes y al pueblo.

El profeta sigue insistiendo en el sometimiento al rey de Babilonia; de ahí su condena a las enseñanzas contrarias a las de los profetas y sacerdotes, que contradicen abiertamente la voluntad divina. Por lo menos, el sometimiento garantiza la vida y deja abierta la esperanza de volver a la tierra y recuperar el ajuar del templo robado por Nabucodonosor. El profeta verdadero intercede ante Dios por el pueblo (18) y no se acomoda a sus falsas expectativas (cfr. Jr 15,19).

Scroll to Top