El holocausto era la categoría de sacrificio más común en el Templo. Su principal característica era que la víctima sacrificada, excepto la piel/cuero, era quemada por completo. De este hecho deriva, quizás, el nombre griego, que significa precisamente «quemado por completo». A su vez, el holocausto se divide en tres tipos: de ganado mayor (3-9), de ganado menor (10-13) y de aves (14-17). El oferente impone la mano sobre el animal de ganado mayor o menor antes del sacrificio. Nótese cómo cada clase de sacrificio debe hacerse en un punto determinado del altar: al norte (11), o al este (16). Los holocaustos más comunes y abundantes eran los de ganado menor, y, dadas las condiciones socioeconómicas del pueblo, todavía más los de aves; solo los ricos podían darse el lujo de ofrecer un novillo. En las tres modalidades se repite la fórmula que determina la finalidad del sacrificio: «es un holocausto: ofrenda de aroma que aplaca al Señor» (9.13.17).
