Festividades del Señor.

Si entre las personas, los objetos, los animales y los productos agrícolas hay que separar algo para consagrarlo al Señor, también es posible hacer lo mismo con el tiempo. Es necesario interrumpir las ocupaciones de cada día para consagrar al Señor algunos breves períodos como una manera de santificar también el tiempo. Ese es el objeto del calendario litúrgico propuesto casi al final de este código de santidad.
Después de una breve indicación sobre la observancia del sábado (3), que no es una fiesta anual sino un día semanal consagrado al descanso, viene la lista de festi-vidades del Señor. El ciclo festivo se inicia con la celebración de la Pascua, el día catorce del primer mes (marzo-abril), a la cual se incorporó la fiesta de los Ázimos, el día quince, y tiene una duración de siete días.
Las siguientes fiestas están conectadas con el ciclo anual de la cosecha: «La primera gavilla» (9-14) indica el momento en que se inicia la recolección del grano. Ese día, debía presentarse al sacerdote una gavilla o manojo de espigas, que el sacerdote ofrecía al Señor agitándola. Se indican los sacrificios de ese día, unidos a la fiesta.
Le sigue la fiesta de «Las primicias» o de Pentecostés (15-21), es decir, cincuenta días después de las gavillas. Ese día ya no se presentaban espigas, era el fin de la cosecha.
La siguiente festividad inaugura el Año Nuevo, «Rosh Hashaná» (24), anunciada con toque de trompeta. Es día de descanso solemne, en el cual se ofrece una ofrenda al Señor.
En el mismo mes séptimo tiene lugar el «día de la Expiación» (26-32). No se trata propiamente de una fiesta, sino de una celebración penitencial. Aunque aquí no se menciona el rito del chivo expiatorio, sabemos por 16,1-34 que se realizaba ese día.
Finalmente, a mitad del mismo mes, tenía lugar otra de las festividades más importantes de Israel: «las Chozas» o tabernáculos (34-36, 39-43). Probablemente, esta fiesta es de origen agrícola; evoca la costumbre campesina de construir chozas en medio de los campos sembrados, donde almacenaban su cosecha de uvas y aceitunas, y al mismo tiempo, aprovechaban al máximo la luz del día y cuidaban sus productos.
Así pues, la escuela de santidad sacerdotal (P) propone una vía para la santificación del tiempo. En época tardía se añadieron otras fiestas a este calendario, por ejemplo, la fiesta de los «pu-rim» o de las suertes (Est 9,32) y la fiesta de «Hanuká» o de la dedicación (1 Mac 4,59).

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