Duelo y súplica.

La reacción ante las calamidades naturales es la convocatoria al duelo y a la penitencia. Estamos en una época en la que «todo» proviene de Dios: tanto lo bueno como lo malo. Lo bueno como bendición y lo malo como castigo (2,25); por tanto, estas catástrofes se ven como señal de que algo anda mal y de que hay que convocar al ayuno y a la penitencia para aplacar al Señor.

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