Finalmente, Israel regresa al Señor, pero con un arrepentimiento pasajero y no sincero. Además, se nota un intento descarado de manipular al Señor solo con la luz de la razón, calculando los ciclos de la naturaleza (3). Las palabras de Dios matan porque son la verdad que descubre la falsedad (cfr. Jn 3,19). Los sacrificios de un culto hipócrita no agradan al Señor, sino el honesto conocimiento de Dios y la fidelidad a su alianza (6; cfr. Mt 9,13).
