Confesiones de Jeremías: Final.

Jeremías se siente engañado por Dios, que lo había atraído con bellas promesas. Ahora se encuentra abandonado ante un pueblo hostil, sufriendo la burla y el escarnio. Es en ese estado de angustia cuando el profeta reconoce que la Palabra del Señor está íntimamente grabada en su ser y que tiene que proclamarla (8-9), y que su Dios, aún en su fracaso, está con él (11), como se lo había prometido (1,8). El profeta es el hombre de la Palabra de Dios, y su fidelidad a ella le acarrea rechazo y angustia. Es desde ese lugar de intenso dolor que surge su canto de victoria y alabanza (11-13).

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