Parece que se acercan las tropas babilónicas; el rey envía mensajeros a Jeremías para ver si es posible tener alguna seguridad en el Señor. La respuesta del profeta no es muy alentadora. Hay quienes sitúan estas palabras alrededor del año 588 a. C., cuando tuvo lugar el asedio de Jerusalén por parte de Nabucodonosor.
