Castigo.

La ira del Señor, aplacada por Moisés, se enciende ahora contra el propio Moisés, quien, al constatar la falta en la que ha incurrido su pueblo, lanza las tablas de la Alianza y las rompe al pie del monte (19); luego destruye también el ternero de oro y lo incinera, haciendo beber al pueblo sus cenizas mezcladas con agua (20). El castigo es ejecutado por quienes son fieles a Moisés: los levitas, que, al parecer, no se contaminaron con el culto al ternero (27s); mediante la ejecución de la pena de muerte, son consagrados y bendecidos (29). Es importante tener en cuenta el simbolismo de las imágenes al transmitir una idea. No hay que tomar al pie de la letra lo que nos narra el pasaje, porque se echa a perder todo el valor simbólico que encierra y, sobre todo, se distorsiona el mensaje teológico que tuvo en su momento y que puede tener hoy para nosotros, a saber: la fidelidad al Dios de la liberación y de la vida exige un rechazo radical de todo aquello que se opone al plan divino. Cuando se camina detrás de otros dioses, detrás de otros proyectos, se va directamente a la perdición.

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