Una vez puestos a salvo Lot y los suyos, Sodoma y Gomorra son destruidas con azufre y fuego. Los detalles de este relato intentan «explicar» el origen de un fenómeno del que no se tiene un conocimiento «cierto». Es verdad que el lugar donde se ambienta la narración es tremendamente árido y desértico. Estamos cerca del mar Muerto, en el extremo sur del desierto de Judea. Allí no brota hierba, no hay vida y el calor es insoportable. La imaginación de los antiguos generó esta leyenda y la enriqueció con personajes emparentados con los antepasados del pueblo, Abrahán, Lot y su familia. Pero el relato también persigue un fin pedagógico. Se trata de un juicio moral que la comunidad formula contra dos infracciones consideradas graves: la perversión sexual, cuya legislación positiva encontramos en Lv 18,22; 20,13; Dt 23,18s, y el descuido respecto de la protección de la vida del emigrante o extranjero, a quien había que respetar y amar (Lv 19,33s; 24,22; cfr. Dt 10,18s, etc.).
