El efecto benéfico inmediato que sobreviene a la obediencia es que el Señor mantendrá su alianza con el pueblo (12), lo cual se traduce en bendiciones que favorecen la salud y la prolijidad de los hombres, los animales y las cosechas (13-15; cfr. 8,1). Ahora bien, uno de los términos del compromiso de Israel es «devorar» o «exterminar» a todos los pueblos que vaya encon-trando en su camino hacia la tierra prometida y, cuando esté en ella, jamás sentir miedo de que esos pueblos sean más numerosos y poderosos (17s), pues el Señor que enfrentó a Egipto y lo golpeó hará lo mismo con esos pueblos. Las expresiones «devorar» y «exterminar» suenan hoy políticamente incorrectas. Sin embargo, no hay que olvidar el contexto histórico en el que surgen estos textos, ni su intencionalidad teológica y catequética. Ubiquémonos en un contexto de decadencia política y religiosa de Israel y de la subsiguiente reacción de mejoramiento para entender mejor el llamamiento de Ezequías a renovar la alianza y, por tanto, a reafirmar los antiguos compromisos en torno a la adhesión al único Dios en el que Israel debe basar su fe.
