TRIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

El enfermo y el hambriento eras tú, Señor / “¿Me has encontrado en los pobres?”

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo Litúrgico: A

Introducción

Saludo (Ver la Primer Lectura)
Toda alabanza al Señor, que dice:
“Buscaré las ovejas perdidas;
haré volver a las descarriadas,
vendaré a las heridas
y curaré a las enfermas”.
Que este Señor y Dios compasivo
esté siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. “El enfermo y el hambriento eras tú, Señor”
Hoy concluimos el Año Litúrgico, el Año de la Iglesia, con la solemne celebración de Cristo, nuestro Pastor y Rey. Vino a nosotros como nuestro Buen Pastor y nos confió la responsabilidad de cuidar unos de otros. Cuando venga a evaluar nuestra vida y a verificar cuánto hay de bueno a su ojos y a los nuestros, él nos preguntará: ¿Se han preocupado los unos por los otros; han servido ustedes a los demás, especialmente a los pobres y a los débiles? No es sólo cuestión de servir a otros: Se trata también de servir a Dios, ya que el prójimo en necesidad no es sino Cristo mismo ‘disfrazado’. Se trata, por lo tanto, de un acto de fe profunda. En esta eucaristía pidamos, pues, al Señor fe profunda y amor generoso.

2. “¿Me has encontrado en los pobres?”
Con una grandiosa visión, el Año Litúrgico acaba con la celebración de Cristo Rey, y el próximo sábado comenzará el nuevo año de la Iglesia con el Adviento. El evangelio de hoy, de San Mateo, nos presenta la escena de Cristo nuestro Señor que viene como rey a juzgar a los hombres. Esta escena es la contrapartida de las Bienaventuranzas, donde los pobres y los que sufren se llamaban felices y dichosos. En el juicio, el Señor nos preguntará: “¿Qué has hecho en favor de los pobres y de los que lloraban?” Jesús se presenta aquí a sí mismo no sólo como cercano a los pobres y humildes. Él mismo es el pobre, el manso, el enfermo, el perseguido… Y nos vuelve a preguntar: “¿Me has encontrado en ellos?” ¿Qué le respondemos?

Acto Penitencial
¡Ojalá hubiéramos reconocido al Señor
en los pobres, los humildes, los perseguidos!
Pidamos al Señor que nos perdone
por no haberlo reconocido ni servido.
(Pausa)
Señor Jesús,
tú buscaste a los que estaban perdidos,
vendaste a los heridos
y fortaleciste a los débiles:
R/Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú viniste a unir y juntar
a los que estaban dispersos en la niebla y en la oscuridad.
R/Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú te identificaste
con los hambrientos y los enfermos,
con extraños, extranjeros y presos.
R/Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona todos nuestros pecados.
Danos la gracia de servirte a ti en los hermanos,
para que tú nos bendigas
y nos lleves a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos al Señor
que podamos participar en su reinado
sirviéndolo en los pobres y humildes.
(Pausa)
Oh Dios, Padre de los pobres:
Tu Hijo Jesús nació entre nosotros
pobre, humilde y dependiente.
Abre nuestros ojos, nuestros corazones y nuestras manos
para honrarlo ahora como nuestro Rey y Señor,
acogiéndolo en los hambrientos y sedientos,
en todos los solos y abandonados,
en los refugiados, en los pobres y en los enfermos.
Que nuestro amor llegue a ser libre y espontáneo,
como la ternura que tú nos has mostrado en tu Hijo.
Acógenos en tu reino eterno
preparado para nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Dios, el Pastor-Rey
Ya que los reyes de Israel habían engañado a su pueblo, Dios mismo los conducirá como un pastor que se cuida de su rebaño.

11

 Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré mis ovejas siguiendo su rastro.

12

 Como sigue el pastor el rastro de su rebaño cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré sacándolas de todos los lugares por donde se dispersaron un día de oscuridad y nubarrones.

15

 Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré descansar –oráculo del Señor–.

16

 Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, sanaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido.

17

 Y a ustedes, mis ovejas, esto dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja: ¡entre carneros y chivos!

Salmo Responsorial

Salmo 22, 1-2a. 2b-3. 5-6

R. (1) El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace reposar.
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume,
y llenas mi copa hasta los bordes.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Segunda Lectura

1 Corintios 15, 20-26. 28

Cristo debe reinar
Cristo fue el primero en resucitar de entre los muertos. Su poder de resurrección está operante en este mundo por medio de los que pertenecen a Él. Al final, Cristo presentará su reino al Padre.

20

Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, y resucitó como primer fruto ofrecido a Dios, el primero de los que han muerto.

21

Porque, si por un hombre vino la muerte, por un hombre viene la resurrección de los muertos.

22

Como todos mueren por Adán, todos recobrarán la vida por Cristo.

23

Cada uno en su turno: el primero es Cristo, después, cuando él vuelva, los cristianos;

24

luego vendrá el fin, cuando entregue el reino a Dios Padre y termine con todo principiado, autoridad y poder.

25

Porque él tiene que reinar hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies;

26

el último enemigo que será destruido es la muerte,

28

Cuando el universo le quede sometido, también el Hijo se someterá al que le sometió todo, y así Dios será todo para todos.

Aclamación antes del Evangelio

Marcos 11, 9. 10

R. Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 25, 31-46

Cristo nos juzgará según nuestro amor a los hermanos
Jesús no sólo está cercano a los pobres, a los desposeídos, a los que sufren; es que en ellos lo encontramos a Él mismo.

31

El juicio de las naciones

Cuando el Hijo del Hombre llegue con majestad, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria

32

y todas las naciones serán reunidas en su presencia. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

33

Colocará a las ovejas a su derecha y a las cabras a su izquierda.

34

Entonces el rey dirá a los de la derecha: Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.

35

Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, era emigrante y me recibieron,

36

estaba desnudo y me vistieron, estaba enfermo y me visitaron, estaba encarcelado y me vinieron a ver.

37

Los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber,

38

emigrante y te recibimos, desnudo y te vestimos?

39

¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y fuimos a visitarte?

40

El rey les contestará: Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de éstos, mis hermanos menores, me lo hicieron a mí.

41

Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.

42

Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber,

43

Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber,

44

Ellos replicarán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, emigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos?

45

Él responderá: Les aseguro que lo que no hicieron a uno de estos más pequeños no me lo hicieron a mí.

46

Éstos irán al castigo perpetuo y los justos a la vida eterna.

Oración de los Fieles

Oremos a nuestro Señor Jesucristo por todos los que necesitan nuestro cuidado y compasión, por todos los que se entregan al cuidado de los más pobres y por todos los que tienen miedo a involucrarse en ese servicio. Roguemos al Señor diciendo: R/Señor, haz que te sirvamos en nuestros hermanos.

– A ti clamamos por todos los que perdieron el camino en la vida: que la Iglesia los acoja y te ofrezca a ellos y con la Buena Noticia de Salvación para que vivan conforme a ella. Y así te rogamos.
– A ti clamamos que todos los arrancados de sus hogares, las innumerables víctimas de la guerra y de los conflictos civiles, los emigrantes… encuentren en nosotros una actitud acogedora y hospitalaria. Y así te rogamos.
– Con todos los que tienen hambre de alimento material, los que tienen sed de justicia, los que anhelan respeto de su dignidad humana, a ti clamamos para que sepamos oír tu voz en ellos. Y así te rogamos.
– Con todos los que cuidan de los enfermos y discapacitados, médicos, enfermeras, farmacéuticos, comadronas, a ti clamamos para que nos enseñes a reconocerte en los que necesitan cuidado afectuoso y cariñoso. Y así te rogamos.
– Con todos los que están presos por sus convicciones, con todos los injustamente perseguidos; con los cautivos de su odio, su avaricia o sus pasiones y debilidades, a ti clamamos para que los perdones y liberes totalmente. Y así te rogamos.

Señor, que sepamos reconocerte a ti en los hermanos que sufren, en sus gritos que nos reclaman, en sus ojos que nos imploran, y que en ellos te amemos realmente a ti. Permanece siempre con nosotros ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Padre bondadoso:
Éste es el pan que tú nos das
para compartirlo con los pobres
y éste es el vino que tú deseas que lo bebamos
con todos los que han olvidado lo que es la alegría.
Que tu Hijo Jesús venga a nosotros en estos signos
y nos dé el amor y la fuerza para encontrarlo
en todos los que padecen hambre y sed
de alimento material y de afecto
en los pequeños e inseguros.
Que éste sea el sacrificio que aceptas con agrado,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Como pueblo que pertenece a Cristo, lo reconocemos Rey del Universo, el Salvador y el Juez de todos. Con él damos gracias al Padre y nos comprometemos en favor de su reino.

Introducción al Padre Nuestro
Con Jesús nuestro Señor,
que entregará el reino al Padre,
rogamos a Dios para que este reino
llegue a ser una realidad en medio de nosotros.
R/Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males,
y concédenos tu paz en nuestros días.
Guárdanos libres de pecado,
para que en el día del juicio
nos presentemos ante ti sin temor;
y para que, ahora ya, miremos hacia adelante
con esperanza y alegría
hacia la venida gloriosa entre nosotros
de nuestro Juez y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, nuestro Señor resucitado
y Rey del universo.
Dichosos nosotros
invitados a comer ahora este Pan de Vida
y, dichosos por ser llamados,
como los bienaventurados,
a heredar el reino preparado para nosotros
desde la creación del mundo.
R/Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía te hemos dado gracias y alabanza
y hemos aclamado a tu Hijo Jesucristo
como el Señor y Rey de nuestras vidas.
Por la fuerza de este Pan de Vida,
queremos caminar con Jesús
por su camino de fidelidad a ti
y de servicio a los hermanos.
Reúnenos como a tu pueblo santo,
y haz que, sin alardear de ser tu reino,
seamos al menos su humilde signo para el mundo,
hasta que nos aceptes en tu casa de paz y alegría
por medio de nuestro Rey,
que se hizo el servidor de todos,
Jesucristo nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: No basta con aclamar a Jesucristo como nuestro Rey y Señor. Nuestra misión en la vida es hacer que su reino sea una realidad en medio de nosotros y ofrecer ese reino a los que nos rodean por medio de nuestras palabras y de nuestras obras. La única manera de llevar esto a cabo es vivir como Jesús vivió: entregado totalmente a los demás, en amor y servicio. Para esta tarea y misión necesitamos la fuerza y bendición de Dios. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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