VIGÉSIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Seguir a Jesús es arriesgado / Nuestro culto principal es nuestra vida cristiana
Ciclo Litúrgico: A
Introducción
Saludo
El Señor nos dice a nosotros, sus discípulos, hoy: “Vengan, síganme, niéguense a ustedes mismos, tomen su cruz y síganme”. ¡Que estas palabras nos llamen a salir de nosotros mismos, y que el Señor esté siempre con ustedes!
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Seguir al Señor es arriesgado
¿Tenemos que buscar el sufrimiento y la muerte? ¡De ninguna manera! Jesús mismo nos da la respuesta. Él suplicó a su Padre que lo apartara el sufrimiento. Sin embargo aceptó la muerte y la cruz. ¿Por qué? Porque amaba al Padre y a los hombres y quería salvarlos. Aunque él hizo ese formidable trabajo y proclamó su mensaje, los líderes religiosos se volvieron contra él y buscaron su muerte para liberarse del fastidio que él suponía. Sin embargo, él permaneció fiel a su misión, fiel hasta la muerte. Él nos pide ahora permanecer fieles aun a costa de sufrimiento y de muerte.
2. Nuestro culto principal es nuestra vida cristiana
Éste es el mensaje de la corta
pero muy importante Segunda Lectura.
Nuestra Misa de Domingo es la cima de nuestra vida cristiana. Expresa intensamente lo que intentamos vivir cada día. Todo lo que pensamos, decimos y hacemos, nuestra vida de cada día, como nos dice San Pablo, tiene que rendir honor y alabanza a Dios. Esto es lo que recopilamos en nuestra eucaristía dominical. A cambio, la eucaristía se convierte en la fuente viva de una entrega más profunda a Dios y a los hermanos. Una vida diaria que contradiga nuestro culto del Domingo viene a ser una distorsión y una parodia de religión. Pidamos al Señor que nuestra vida diaria dé culto a Dios en espíritu y en verdad.
Acto Penitencial
Queremos una religión fácil, sin exigencias,
sin sacrificios, sin ningún costo de nuestra parte.
Pidamos al Señor que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús, tú tomaste resueltamente
el camino hacia Jerusalén,
para allí sufrir y morir por nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tú quisiste permanecer fiel
al Padre que te envió, y a nosotros,
a quienes amabas y querías salvar.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú nos invitas
a permanecer fieles contigo
a nuestra misión en la vida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdónanos nuestra cobardía y mediocridad.
Danos tu determinación y coraje
y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta
Pidamos a Dios que nuestra vida entera
le dé gloria y honor.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Hoy te ofrecemos el culto perfecto
de tu hijo Jesucristo.
Con él te alabamos y damos gracias
ofreciéndonos a nosotros mismos con él.
Que esta ofrenda no se vea limitada
al momento fugaz de esta eucaristía,
sino que irrumpa en la vida de cada día
por medio de nuestro amor a ti
y de nuestro servicio generoso
al pueblo que se nos ha confiado para amarlo
y para compartir con él todo lo que somos y tenemos.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.
Primera Lectura
“Hay un fuego ardiendo en mi corazón”
El profeta Jeremías se queja a Dios porque su misión le trae problemas. Sin embargo, sigue confiando en Dios y continúa su tarea.
Confesiones de Jeremías:
Final
Me sedujuiste, Señor, y me dejé seducir;
me forzaste, y me venciste.
Yo era motivo de risa todo el día,
todos se burlaban de mí.
Si hablo, es a gritos, clamando ¡violencia, destrucción!, la Palabra del Señor se me volvió insulto y burla constantes,
y me dije: No me acordaré de él, no hablaré más en su Nombre. Pero la sentía dentro como fuego ardiente encerrado en los huesos: hacía esfuerzos por contenerla y no podía.
Salmo Responsorial
R. (2b) Señor, mi alma tiene sed de ti.
Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco;
de ti sedienta está mi alma.
Señor, todo mi ser te añora
como el suelo reseco añora el agua.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Para admirar tu gloria y tu poder,
con este afán te busco en tu santuario.
Pues mejor es tu amor que la existencia;
siempre, Señor, te alabarán mis labios.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Podré así bendecirte mientras viva
y levantar en oración mis manos.
De lo mejor se saciará mi alma;
te alabaré con jubilosos labios.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Porque fuiste mi auxilio,
y a tu sombra, Señor, canto con gozo.
A ti se adhiere mi alma
y tu diestra me da seguro apoyo.
R. Señor, mi alma tiene sed de ti.
Segunda Lectura
“Ofrezcan su vida como sacrificio”
Pablo subraya una verdad básica: El verdadero culto consiste en buscar la voluntad de Dios y en ofrecer nuestra vida como sacrificio. Sólo así puede ser genuina nuestra celebración eucarística.
Normas de vida cristiana
Ahora, hermanos, por la misericordia de Dios, los invito a ofrecerse como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios: éste es el verdadero culto.
No se acomoden a este mundo, por el contrario transfórmense interiormente con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine nuestras mentes
para que podamos comprender cuál es la esperanza
que nos da su llamamiento.
R. Aleluya.
Evangelio
“Tomen su cruz y síganme”
Jesús predice su Pasión y Resurrección. Después pide a sus discípulos que lo sigan por el camino de la cruz hacia la Vida. Pedro protesta, porque eso resulta difícil de entender. Pero ése es el camino de Dios.
Primer anuncio de la pasión y resurrección
A partir de entonces Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, padecer mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, sufrir la muerte y al tercer día resucitar.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo:
—¡Dios no lo permita, Señor! No te sucederá tal cosa.
Él se volvió y dijo a Pedro:
—¡Aléjate, Satanás! Quieres hacerme caer. Piensas como los hombres, no como Dios.
Condiciones para ser discípulo
Entonces Jesús dijo a los discípulos:
—El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.
El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda la vida por mi causa la conservará.
¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?, ¿qué precio pagará por su vida?
El Hijo del Hombre ha de venir con la gloria de su Padre y acompañado de sus ángeles. Entonces pagará a cada uno según su conducta.
Oración de los Fieles
Nuestro Señor Jesucristo nos llama a seguirlo, a cargar nuestra cruz detrás de él. Y a encomendarle a todos los que sufren. Así digámosle: R/ Señor, sé nuestra fuerza.
– Por la Iglesia, para que haga más visible a Cristo por medio de su compromiso de servir a Dios y a los hombres, de su preocupación cariñosa por los pobres y de su constante conversión al Evangelio, roguemos al Señor.
– Por todos los cristianos que dicen seguir a Cristo, para que vivan sin miedo las exigencias del Evangelio y den testimonio del Señor crucificado, roguemos al Señor.
– Por todos los que sufren en sus cuerpos y en su espíritu. Por todos los que en el mundo trabajan por la justicia y por la paz entre los hombres, para que se percaten de que son uno con Jesús el Señor en su Pasión y en su muerte, roguemos al Señor.
– Por aquellos a quienes les resulta difícil aceptar la voluntad de Dios y su misión en la vida. Para que encuentren amigos que los inspiren a recobrar su confianza en Dios y en la gente, y que los animen cuando sientan temor, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros, reunidos aquí para la Eucaristía, para que busquemos sinceramente la voluntad de Dios unidos a Jesús nuestro Señor, roguemos al Señor.
Señor Jesús, tú nos invitas a seguirte y a ofrecerte nuestros logros y dolores de cada día Queremos trabajar contigo para llevar tu vida y tu gracia a todos nuestros hermanos. Quédate con nosotros, ahora y por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Deseamos ahora ofrecerte
el sacrificio que más te agrada,
el de tu mismo Hijo Jesucristo.
Acepta también por medio de él
el sacrificio de nuestras vidas,
para que con tu Hijo muramos al pecado
y resucitemos a una nueva vida
en las realidades cotidianas.
Que esta celebración refleje y exprese
nuestras penas y esperanzas,
nuestras pruebas y alegrías,
unidos al misterio pascual
de Jesucristo nuestro Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Por su Cruz y su Resurrección, Jesús nos trajo perdón y vida. Unámonos a él en su sacrificio ahora en esta eucaristía, para que lo sigamos también en los sacrificios que conlleva la vida de cada día.
Introducción al Padre Nuestro
Con Jesús, nuestro Señor,
oremos a nuestro Padre del cielo
para que sepamos buscar siempre su voluntad,
de forma que sus caminos sean nuestros caminos.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz interior
que procede de cumplir tu voluntad
aun cuando sea difícil su cumplimiento.
Líbranos del desaliento
y ayúdanos a no ahorrar esfuerzo
para llevar a todos tu amor y tu sanación.
Guíanos hacia adelante con gozosa esperanza,
hacia la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…
Invitación a la Comunión
Éste es el Cuerpo de Cristo,
nuestro Cordero de Dios que sufrió,
murió por nosotros en la cruz
y resucitó de entre los muertos.
Dichosos nosotros, invitados
a participar en su banquete
y a seguirlo en nuestra vida.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Hemos comido con tu Hijo
el pan duro de nuestra pobreza
y el pan reconfortante de su fortaleza.
Hemos bebido con él
el vino agrio del sufrimiento
y el vino delicioso de la alegría y esperanza.
Que Jesús nos dé el valor
de transformar los sufrimientos,
que son parte de la vida,
en dones de nosotros mismos para otros,
y de hacernos fuentes fiables
de fuerza, bienestar y esperanza
para nuestros hermanos y hermanas
en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Algunas veces, como el profeta Jeremías, luchamos y refutamos a Dios en momentos de prueba y desaliento. Tengamos siempre en cuenta que Dios nos ama y quiere que seamos felices. Sin embargo, a veces tenemos que cargar las cruces exigidas por la fidelidad a nuestra familia, a nuestro trabajo, a los caminos del Evangelio.
Que el Señor entonces esté con nosotros y nos bendiga. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
