Se reanuda la despedida iniciada en 3,1, después del paréntesis precedente tomado de otra carta. Poco sabemos de las personas mencionadas aquí. Pablo siempre cuenta con un grupo de colaboradores, entre ellos muchas mujeres que le han ayudado en la evangelización y en la catequesis. La mención de la alegría conecta con el inicio de la despedida y confirma el tono gozoso de toda la carta, presente en los dos primeros capítulos. Pablo quiere que sea una alegría no intimista, sino difusiva, que haga felices a los demás con su propia bondad. El deseo de la «paz de Dios» es una característica del Apóstol que encontramos en todas sus cartas, tanto como saludo inicial como despedida. Será esta paz profunda la que libere a los filipenses de toda ansiedad. Pablo quiere cristianos expectantes y tranquilos, pero no instalados (cfr. 1 Tes 4,11s).
