DECIMOQUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
LA SANGRE DEL CORDERO – EL SÁBADO ES PARA EL HOMBRE
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú quieres que nos comprometamos
en favor tuyo y de los hermanos,
con actitud de misericordia y servicio.
Danos valor para arriesgarnos.
Y, como Jesús, sacrificarnos entregándonos a ti
en nuestros prójimos necesitados,
y tomando parte en sus tristezas y alegrías,
sus protestas y sus problemas,
para que los conozcamos y sirvamos
como tú nos conoces y nos sirves a nosotros,
en Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
En respuesta a su insiste oración, Dios cura al rey Ezequías y pospone su muerte, para que pueda acabar lo que intentaba hacer en servicio de su pueblo.
Enfermedad y sanación de Ezequías
En aquel tiempo, Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a visitarlo y le dijo:
–Así dice el Señor: Haz testamento, porque vas a morir sin remedio.
Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor:
–Señor, ten presente que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada. Y lloró con largo llanto.
El Señor dirigió la palabra a Isaías:
–Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años.
Los libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré.
Respondió: –Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada:
En el reloj de sol de Ajaz haré que la sombra retroceda los diez grados que ha avanzado. Y desanduvo el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.
Isaías ordenó: –Que traigan un ungüento de higos y lo apliquen a la herida para que se sane.
Ezequías dijo: –¿Cuál es la señal de que subiré a la casa del Señor?
Salmo Responsorial
R. (cf. 17b) Sálvame, Señor, y viviré.
Yo pensaba que a la mitad de mi vida
tendría que dirigirme hacia las puertas del abismo
y me privarían del resto de mis años.
R. Sálvame, Señor, y viviré.
Yo pensaba que ya no volvería a ver al Señor
en la tierra de los vivos,
que ya no volvería a ver a los hombres
entre los habitantes del mundo.
R. Sálvame, Señor, y viviré.
Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor tejía yo mi vida,
y me cortaron la trama.
R. Sálvame, Señor, y viviré.
A los que Dios protege viven,
y entre ellos vivirá mi espíritu;
me has curado,
me has hecho revivir.
R. Sálvame, Señor, y viviré.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.
Evangelio
El cumplimiento exhaustivo de las tradiciones y los ritos era fundamental para los religiosos del tiempo de Jesús. Sin embargo, él, atento a las necesidades humanas, las prioriza. Las pone incluso por encima de las tradiciones y los ritos. Es decir, pone todas las cosas en su lugar: primero el hombre, primero y ante todo la misericordia. Porque misericordia quiere antes que sacrificios.
Jesús y el sábado
En cierta ocasión, Jesús atravesaba unos campos de trigo en día sábado. Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas.
Los fariseos le dijeron:
—Mira, tus discípulos están haciendo en sábado una cosa prohibida.
Él les respondió:
—¿No han leído lo que hizo David y sus compañeros cuando estaban hambrientos?
Entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes.
¿No han leído en la ley que, en el templo y en sábado, los sacerdotes quebrantan el reposo sin incurrir en culpa?
Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien mayor que el templo.
Si comprendieran lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.
Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.
Oración de los Fieles
– Que la gente, en cualquier parte del mundo, tenga algún tiempo de descanso para recuperar la presión de su trabajo, y tenga también la oportunidad de dar culto a Dios, te pedimos.
– Que los fieles que participan en la misa dominical se comporten como buenos cristianos también los demás días de la semana, te pedimos.
– Que el domingo sea para cada uno de nosotros una ocasión especial para crecer en amor hacia nuestros seres queridos, para visitar a los enfermos y para servir bondadosamente a los que se encuentran en necesidad, te pedimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Este pan y este vino van a convertirse
en el Cordero de Dios, Jesucristo, tu Hijo.
En esta eucaristía recordamos que derramó su sangre
para el perdón de nuestros pecados.
Que Jesús sea hoy nuestro alimento y bebida
para que podamos pasar con él de la muerte a la vida
y para que seamos verdaderamente tu Pueblo,
nacido para ser libre
y para hacernos libres unos a otros,
en Cristo Jesús nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios de vivos:
Acabamos de comer la comida pascual
del pueblo de la Nueva Alianza, la Iglesia.
Queremos que Jesús nos ayude a vivir
el gran mandamiento del Amor,
no tanto como una orden que hay que obedecer,
sino como un don precioso y gratuito
a este pueblo de nuestro tiempo
y a nosotros mismos, miembros de la Iglesia.
Hazlo posible, Dios, Padre nuestro,
por la fuerza y el poder de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Naturalmente, hay mandamientos. Pero el Señor mismo nos dice que nunca deben interponerse como obstáculo en el camino de la misericordia y del cariñoso servicio a los hermanos. Que él nos haga servidores sinceros, siempre motivados por el amor. Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
