DECIMOTERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
EN VIENTO y EN TORMENTA
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesucristo calmó nuestras vacilaciones
con palabras de reprensión:
“¿Por qué tienen ustedes miedo,
hombres de poca fe?”
Haz que esa débil fe crezca robusta en nosotros.
Cercióranos plenamente
de que tú estás con nosotros en tu Creación,
en la oscuridad y en la noche,
en el viento huracanado y en la tormenta,
incluso en las profundidades de la muerte;
porque tú eres el Dios que dijo:
“Yo soy el que soy; y estoy ahí para ustedes”,
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
A través del profeta, Dios advierte la llegada del castigo, a consecuencia de las obras aborrecibles de su Pueblo. Pero afirma también que sus profetas seguirán llamando a la conversión y que a nadie se le negará el don de profecía para la salvación de los que quieran escucharlos.
Les pediré cuentas
Escuchen, israelitas, esta palabra que les dice el Señor, a todas las tribus que saqué de Egipto:
A ustedes solos los elegí entre todas las tribus de la tierra, por eso les pediré cuentas de todos sus pecados.
¿Caminan juntos dos que no se han puesto de acuerdo?
¿Ruge el león en la espesura sin tener presa?, ¿grita el cachorro en la guarida sin haber cazado?,
¿cae el pájaro al suelo si no hay una trampa?, ¿salta la trampa del suelo sin haber atrapado?,
¿suena la trompeta en la ciudad sin que el vecindario se alarme?, ¿sucede una desgracia en la ciudad que no la mande el Señor?
No hará tal cosa el Señor sin revelar su plan a sus siervos los profetas.
Ruge el león, ¿quién no temerá? Habla el Señor, ¿quién no profetizará?
Les envié una catástrofe tremenda, como la de Sodoma y Gomorra, y fueron como un palo humeante sacado del incendio; pero no se convirtieron a mí –oráculo del Señor–.
Por eso así te voy a tratar, Israel, y porque así te voy a tratar, prepárate a enfrentarte con tu Dios;
Salmo Responsorial
R. (9a) Enséñame, Señor, tu santidad.
Tú no eres, Señor, un Dios al que pudiera
la maldad agradarle,
ni el malvado es tu huésped
ni ante ti puede estar el arrogante. R.
R. Enséñame, Señor, tu santidad.
Al malhechor detestas,
y destruyes, Señor, al embustero;
aborreces al hombre sanguinario
y a quien es traicionero. R.
R. Enséñame, Señor, tu santidad.
Pero yo, por tu gran misericordia,
entraré en tu casa,
y me postraré en tu templo santo
con reverencia de alma. R.
R. Enséñame, Señor, tu santidad.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Confío en el Señor,
mi alma espera y confía en su palabra.
R. Aleluya.
Evangelio
Tenemos que reconocer la presencia del Señor y seguir confiando en él cuando las tormentas rugen dentro de nosotros y a nuestro alrededor, en nuestro mundo, y nos amenazan con tragarnos y hacernos gritar: “Señor, ¿dónde estás?” Pueden ser las tormentas de la tentación, las dudas, los miedos y temores relacionados con nuestra fe; la amenazada lealtad. Los vientos de cambio también pueden ser como ruidosos huracanes que sacuden la barca de la Iglesia antes de que podamos alcanzar las aguas tranquilas de una Iglesia renovada. El Señor está ahí; no deberíamos tener miedo.
Calma una tempestad
Cuando subía a la barca, los discípulos lo siguieron.
De pronto se levantó tal tempestad en el lago que las olas cubrían la embarcación mientras él dormía.
Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo:
—¡Señor, sálvanos, que morimos!
Él les dijo:
—¡Qué cobardes y hombres de poca fe son!
Se levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una gran calma.
Los hombres decían asombrados:
—¿Quién es éste, que hasta los vientos y el lago le obedecen?
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia de Jesucristo, para que su fe y amor no vacilen en las dificultades y tormentas de nuestro tiempo, oremos.
– Por marineros y pescadores, para que el mar les sea tranquilo y apacible, y generoso en alimento; y por todos los que viajan por mar, para que puedan alcanzar su destino sanos y salvos, oremos.
– Por nosotros mismos, para que nunca tengamos miedo, ya que sabemos con certeza que Jesús está con nosotros, y así nos mantengamos serenos y en paz, oremos.
Oración sobre las Ofrendas
Hemos preparado este pan y este vino
para acoger a tu Hijo
que se hace presente en medio de nosotros.
Que sepamos reconocer su presencia
y seguir fiándonos de él
en nuestros éxitos humanos.
Pero que ningún éxito, por grande que sea,
nos induzca a olvidar
que sin Jesús no podemos hacer nada,
y que este mundo es creación tuya
y que podemos ser totalmente humanos
solamente en Cristo Jesús,
que vive y vivirá contigo y con nosotros
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
¿En qué otro deberíamos confiar
sino en Jesús, nuestro Dios-con-nosotros?
Que él navegue con nosotros
para increpar y hacer frente a las olas
y enfrentarnos al corazón de la tormenta.
Que, cuando él está con nosotros,
aunque aparentemente dormido,
no tengamos miedo
de comprometernos con tu mar,
de remar mar adentro,
porque estamos seguros de que Jesús nos llevará
a tu puerto seguro de justicia y de paz,
él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición
“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Confiémonos de todo corazón al Señor. Con él podemos vencer todas las dificultades. Que Dios todopoderoso los bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
