DECIMOPRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO TESORO?

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú eres el origen y el fin de todo,
el auténtico sentido de nuestra existencia
y la meta de todo lo que hacemos.
Te pedimos hoy:
sácanos de nuestros pequeños mundos,
creados por nosotros a nuestra medida,
y ábrenos a ti y a tu Reino.
Sé tú mismo para nosotros
la perla preciosa de nuestras vidas;
Y que cada persona a nuestro alrededor
sea como el caparazón en el que encontramos esa perla
que es Cristo y eres tú,
que viven y reinan con el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.

Primera Lectura

2 Reyes 11, 1-4. 9-18. 20

 La primera lectura, tomada del Libro de los Reyes, narra el castigo que alcanza a la familia de Ajab y cómo la casa real de David se restaura Y, con ella, la religión del Dios de Israel.

1

Reinado y muerte de Atalía  

Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real.

2

 Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte.

3

 El niño estuvo escondido con ella en el templo seis años mientras en el país reinaba Atalía.

4

 El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de los carios y de la escolta; los llamó a su presencia en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey.

9

 Los oficiales hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá.

10

 El sacerdote entregó a los oficiales las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo.

11

 Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey.

12

 Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: –¡Viva el rey!

13

 Atalía oyó el clamor de la tropa y de los oficiales y se fue hacia la gente, al templo.

14

 Pero cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, y a los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: –¡Traición! ¡Traición!

15

 El sacerdote Yehoyadá ordenó a los oficiales que mandaban las fuerzas: –Sáquenla de las filas. Al que la siga lo matan. Porque el sacerdote no quería que la matasen en el templo.

16

 La fueron empujando con las manos, y cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron.

17

 Yehoyadá selló la alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor.

18

 Toda la población se dirigió luego al templo de Baal: lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo,

20

 Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado a espada en el palacio.

Salmo Responsorial

Salmo 131, 11. 12. 13-14. 17-18

R. (13) Dios le dará el trono de su padre David.
Dios prometió a David
–y el Señor no revoca sus promesas–:
“Pondré sobre tu trono
A uno de tu propia descendencia. R.
R. Dios le dará el trono de su padre David.
Si tus hijos son fieles a mi alianza
y cumplen los mandatos que yo enseñe,
también ocuparán sus hijos,
Tu trono para siempre”. R.
R. Dios le dará el trono de su padre David.
Esto es así, porque el Señor
ha elegido a Sión como morada:
“Aquí está mi reposo para siempre;
porque así me agradó, será mi casa. R.
R. Dios le dará el trono de su padre David.
Aquí haré renacer el poder de David
y encenderé una lámpara a mi ungido;
pondré sobre su frente mi diadema
Ignominia daré a sus enemigos. R.
R. Dios le dará el trono de su padre David.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 5, 3

R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio

Mt 6,19-23

 ¿Cuáles son las cosas que nos preocupan, que dan vueltas constantemente en nuestra mente? La respuesta a esa pregunta nos indicará cuáles son nuestros valores: “dónde está nuestro corazón.” Para muchos generosos y comprometidos cristianos, raramente esas cosas serán la búsqueda loca del mero placer o el hambre insaciable de riquezas materiales y bienestar mundano. Pero ¿qué decir acerca de la ambición por la promoción y el poder, la tendencia a dominar a otros y modelar a los demás a nuestra imagen y semejanza? ¿Qué pensar acerca de esa actitud que tiende a colocarnos a nosotros mismos como centro del universo? ¿Dónde, cuándo y cómo buscamos lo que el Señor llama la “única cosa necesaria”? 

19

El verdadero tesoro

No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los destruyen, donde los ladrones perforan paredes y roban.

20

Acumulen tesoros en el cielo, donde no roe la polilla ni destruye la herrumbre, donde los ladrones no abren brechas ni roban.

21

Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

22

Luz y tinieblas

La lámpara del cuerpo es el ojo: por tanto, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz;

23

ero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Y si tu fuente de luz está a oscuras, ¡cuánta oscuridad habrá!

Oración de los Fieles

– Por todos aquellos que se preocupan excesivamente por el dinero y las riquezas, para que aprendan a ser sensibles y a preocuparse sinceramente por los que no pueden gozar ni de lo más esencial en la vida, roguemos.
– Por los que han sido víctimas de la codicia e intolerancia, para que muchas personas bondadosas les restauren su fe en Dios y en sus hermanos los hombres, roguemos.
– Por todos nosotros, para que seamos agradecidos a Dios por habernos dado fe en él, y en su amor y misericordia, oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
tú nos reúnes alrededor de la mesa
de tu Hijo Jesucristo.
La Eucaristía es para nosotros
el mejor y más precioso tesoro.
Haznos apreciar en todo su valor
la presencia de Jesús entre nosotros.
Que nos enriquezca siempre
con el profundo sentido de su cercanía.
Y que aprendamos de él
a estar presentes los unos para los otros
con generosidad y afecto.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
De las palabras y de la presencia misteriosa de Jesús
aprendemos que no hay nada más precioso
que tu amor
y el Reino que tú quieres construir con nosotros.
Queremos que seas nuestra alegría y nuestro tesoro.
Te damos gracias, porque nos has encontrado.
Que nosotros también
sigamos siempre encontrándote a ti
en las diferentes formas en las que te manifiestas,
en la bondad de la gente,
y en los tesoros de nuestra fe.
Nuestras sinceras gracias a ti, Padre,
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Nuestra oración y todo nuestro culto es servicio a Dios y a nuestro prójimo, adoración en espíritu y en verdad; no un servicio egoísta que nos hace presumir y alardear de lo que hacemos para Dios y para nuestros prójimos. Que Dios los bendiga, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.

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