DECIMOPRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
ORACIÓN CONFIADA
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú sabes lo que necesitamos
aun antes de pedírtelo.
Estamos seguros de esto
por la experiencia humana de Jesús, tu Hijo,
que se hizo uno de nosotros.
Por eso te pedimos:
que no lo tomes a mal
cuando usamos demasiadas palabras,
quizás intentando encubrir
la vaciedad de nuestros corazones,
Por tu Espíritu que habita en nosotros,
enséñanos a pedir cosas realmente importantes:
las cosas de tu Causa y de tu Reino.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
La lectura de hoy del Libro del Eclesiástico es un himno de alabanza en honor del fogoso profeta Elías.
Entonces se alzó como fuego un profeta cuyas palabras eran horno encendido:
les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó;
por orden de Dios cerró el cielo e hizo que cayeran tres rayos.
¡Qué terrible eras, ELÍAS!, ¿quién se te compara en gloria?
Tú resucitaste un muerto, sacándolo del Abismo por voluntad del Señor;
hiciste bajar reyes a la tumba y arrojaste de sus lechos a hombres ilustres.
Escuchaste en el Sinaí amenazas y sentencias vengadoras en Horeb.
Ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor.
Un torbellino te arrebató a la altura, tropeles de fuego hacia el cielo.
Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel.
Dichoso quien te vea antes de morir [y más dichoso tú que vives].
Cuando Elías fue arrebatado al cielo, ELISEO recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu;
nada le resultaba imposible: y hasta en la tumba profetizó su cuerpo;
en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.
Y, con todo, el pueblo no se convirtió ni dejó de pecar, hasta que fueron arrojados de su país y dispersados por toda la tierra. Judá quedó diezmada, con un jefe de la casa de David.
Salmo Responsorial
R. (12a) Que se alegren los justos con el Señor.
Reina el Señor, alégrese la tierra;
cante de regocijo el mundo entero.
El trono del Señor se asienta
En la justicia y el derecho. R.
R. Que se alegren los justos con el Señor.
Un fuego que devora a sus contrarios
a nuestro Dios precede;
deslumbran sus relámpagos el orbe
y, viéndolos, la tierra se estremece. R.
R. Que se alegren los justos con el Señor.
Los montes se derriten como cera
ante el Señor de toda la tierra.
Los cielos pregonan su justicia,
su inmensa gloria ven todos los pueblos. R.
R. Que se alegren los justos con el Señor.
Los que adoran estatuas
que se llenen de pena y se sonrojen
lo mismo el que se jacta de sus ídolos.
Que caigan ante Dios todos los dioses. R.
R. Que se alegren los justos con el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Hemos recibido un espíritu de hijos,
que nos hace exclamar: ¡Padre!
R. Aleluya.
Evangelio
En las palabras de Jesús, Mateo nos da hoy una catequesis sobre la oración. La razón y base de nuestra oración no debe ser, sola y simplemente, porque necesitamos conseguir algo de Dios. Tampoco habríamos de pensar que nuestra oración es más poderosa cuando usamos un torrente de palabras. Oramos porque Jesús nos pide que oremos, y porque tenemos confianza en nuestro Padre que conoce lo que necesitamos aun antes de pedírselo. En nuestra lista de oración de petición, habríamos de poner en primera fila las cosas más importantes, como son: Dios y su Reino, que es manifestado y comunicado a nosotros por medio del pan, del perdón y protección. Las demás cosas “se nos darán por añadidura”.
Cuando ustedes recen no sean charlatanes como los paganos, que piensan que por mucho hablar serán escuchados.
No los imiten, pues el Padre de ustedes sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan.
El Padrenuestro
Ustedes oren así:
¡Padre nuestro
que estás en el cielo!
Santificado sea tu Nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo;
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Pues si perdonan a los demás las ofensas, su Padre del cielo los perdonará a ustedes,
pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
Oración de los Fieles
– Por los miembros de las órdenes y congregaciones religiosas contemplativas, dedicadas totalmente a la oración, para que sean muy sensibles y atentos a las necesidades de la Iglesia y del mundo, y rueguen fervorosamente por ellas, roguemos.
– Por todos nosotros. Para que, en nuestra oración, busquemos sobre todo la voluntad de Dios antes que la nuestra propia, roguemos.
– Por todos nosotros una vez más. Para que el Señor nos otorgue un verdadero espíritu de oración que nos lleve a una auténtica intimidad con él, roguemos.
Oración sobre las Ofrendas
Dios, Padre nuestro que estás en el cielo:
Estamos seguros de que tú nos escuchas siempre,
porque tu Hijo está presente en medio de nosotros.
Con él te rogamos
que sepamos reconocerte y alabar tu nombre;
que tu Reino crezca entre nosotros
y que nosotros cumplamos lealmente tu voluntad
siguiendo a Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Antes del Padre Nuestro
Oremos como Jesús nos ha orientado hoy en el evangelio.
Y roguemos a Dios nuestro Padre
con las propias palabras de Jesús: R/ Padre nuestro...
Oración después de la Comunión
Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús, ahora vivo entre nosotros,
insiste en que nos perdonemos unos a otros.
Enséñanos a perdonar como tú perdonas,
completamente y sin reservas.
Te damos gracias porque nos has perdonado mucho
y porque no has tenido ya en cuenta
el castigo merecido por nuestros pecados
por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Para nosotros la oración no es una huida de la vida hacia las altas nubes ni un abandono de nuestro compromiso y entrega a nuestros hermanos. Consideramos la oración como una súplica a Dios para que nos conceda el coraje y el valor para enfrentarnos a la realidad en que vivimos y para preocuparnos y compartir seriamente con los hermanos. Que el Señor les dé a ustedes esta actitud y fuerza, y los bendiga abundantemente: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
