19 de Diciembre – Feria privilegiada de Adviento
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
ENVIADOS EN MISIÓN
Oración Colecta
Señor, Dios todopoderoso:
Ningún ángel anunció nuestro nacimiento,
pero muy bien sabemos que tú nos amabas
aun antes de haber nacido,
y que tú nos llamas ahora a preparar
la venida más plena de tu Hijo en medio de nosotros.
Revela tu fuerza en nuestra debilidad,
conserva viva nuestra esperanza en el futuro,
para que sepamos vencer todos los obstáculos
que entorpecen el establecimiento del reino
de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Las personas escogidas por Dios para una misión especial en su Plan de Salvación constantemente se presentan en la Biblia como amadas antes de su nacimiento, que se anuncia de una manera especial. El Espíritu del Señor los mueve pero su misión exige sacrificios… –tal como lo revela, en su saga folklórica, el llamado de Sansón.
En aquellos días, había en Sorá un hombre de la tribu de Dan, llamado Manoa. Su mujer era estéril y no había tenido hijos. A esa mujer se le apareció un ángel del Señor y le dijo: “Eres estéril y no has tenido hijos; pero de hoy en adelante, no bebas vino, ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque vas a concebir y a dar a luz un hijo. No dejes que la navaja toque su cabello, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre y él comenzará a salvar a Israel de manos de los filisteos”.
La mujer fue a contarle a su marido: “Un hombre de Dios ha venido a visitarme. Su aspecto era como el del ángel de Dios, terrible en extremo. Yo no le pregunté de dónde venía y él no me manifestó su nombre, pero me dijo: ‘Vas a concebir y a dar a luz un hijo. De ahora en adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, no comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta su muerte’ ”.
La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo y el espíritu del Señor empezó a manifestarse en él.
Salmo Responsorial
R. (cf 8a) Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Tus hazañas, Señor, alabaré,
diré a todos que sólo tú eres justo.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Retoño de Jesé, que brotaste como señal para los pueblos,
ven a librarnos y no te tardes.
R. Aleluya.
Oración de los Fieles
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a confiar en tus planes y en tu providencia. Y así te decimos: R/Aumenta, Señor, nuestra fe.
– Por los matrimonios que esperan el nacimiento de un hijo, para que lo acojan gozosamente como regalo incomparable de Dios, roguemos al Señor.
– Por tantas familias que encuentran dificultades para ser fecundas y multiplicar la vida, para que confíen en el poder de tu gracia y de tus designios siempre perfectos, roguemos al Señor.
– Por los padres, para que inspiren continuamente a sus hijos a poner sus cualidades y talentos al servicio de los demás, roguemos al Señor.
– Por los profetas de hoy, para que el Espíritu Santo los mueva a despertarnos, con la palabra de Dios, de nuestra apatía y falta de interés por el bien de la comunidad, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú habías preparado a tu pueblo escogido
para acoger a tu Hijo como al Salvador.
Y, sin embargo, su venida los tomó por sorpresa
y ellos no lo reconocieron.
Que el grito de los profetas de hoy nos despierte,
para que lo reconozcamos y lo acojamos
no solo en estos signos de pan y vino, en la eucaristía,
sino también en los pobres y excluidos
que tienen hambre y sed de alimento, de justicia, de paz,
y, quizás sin saberlo, de dignidad humana como hijos tuyos.
Concédenoslo por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios de esperanza:
Somos hoy tu nuevo pueblo.
Y, sin embargo, con frecuencia escondemos
la presencia de Jesús, tu Hijo,
por nuestra falta de entrega
y por nuestra pasiva conformidad.
Que tu Hijo escancie en nuestra copa para nosotros
el vino joven de la esperanza,
para romper con nuestros caminos trillados
y nuestra rutina establecida.
Ayúdanos a ser un pueblo nuevo
que, aun siendo pequeño y frágil,
revele que alguien más importante
está en medio de nosotros:
tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Navidad está ya cerca. Que nuestras oraciones se vuelvan más insistentes, para que nos entreguemos con mayor entusiasmo a llevar el amor y la justicia de Cristo a nuestro frío y áspero mundo. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
