SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

​Sabemos que Dios nos quiere, nos protege y nos guía hacia nuestro destino. En la Biblia, los ángeles son presentados a la gente como los mensajeros de Dios para ayudarnos a llevar a cabo sus planes. El arcángel Miguel es mencionado en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, como el ángel que se encarga de la lucha contra el poder del mal y de llevar a buen término el trabajo de Dios y de Cristo para superarlo. Gabriel es el mensajero de la Anunciación. Rafael, en el libro de Tobías, es el ángel compañero y sanador. De hecho, los Ángeles son la prueba del amor de Dios que nos guía y se ocupa de nosotros. Hoy tampoco podemos olvidar a las muchas personas que nos ayudan y nos guían de muchas maneras con su amor y cuidado. Ellas también son, por así decirlo, los ángeles de Dios para nosotros.

Oración Colecta

Oh Dios y Padre nuestro:
En tu sabiduría infinita
tú ordenas el curso del tiempo
y diriges al mundo y al pueblo
a su destino que acaba en ti.
Tú todo lo haces bien.
Haznos ver con los ojos de la fe
las oportunidades que tú nos das
en cada momento.
Ayúdanos a usar nuestro tiempo, nuestra vida
y todos tus buenos dones
para, piedra a piedra, construir tu Reino,
hasta que tú lo completes en tu buena Hora,
por medio de Jesucristo, Señor nuestro.

Primera Lectura

Daniel 7, 9-10. 13-14/Apocalipsis 12, 7-12

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
Vi que colocaban unos tronos
y un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como la nieve,
y sus cabellos, blancos como lana.
Su trono, llamas de fuego,
con ruedas encendidas.
Un río de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles lo servían,
millones y millones estaban a sus órdenes.
Comenzó el juicio y se abrieron los libros.

Yo seguí contemplando en mi visión nocturna
y vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
y fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
Y todos los pueblos y naciones
de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.

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En el cielo se trabó una gran batalla: Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón. El dragón y sus ángeles lucharon ferozmente, pero fueron vencidos y arrojados del cielo para siempre. Así, el dragón, que es la antigua serpiente, la que se llama Diablo y Satanás, la que engaña al mundo entero, fue precipitado a la tierra, junto con sus ángeles.

Entonces yo, Juan, oí en el cielo una voz poderosa, que decía: "Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías, porque ha sido reducido a la impotencia el que de día y de noche acusaba a nuestros hermanos, delante de Dios. Pero ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el testimonio que dieron, pues su amor a la vida no les impidió aceptar la muerte. Por eso, alégrense los cielos y todos los que en ellos habitan".

Salmo Responsorial

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5

R. (1c) Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
De todo corazón te damos gracias,
Señor, porque escuchaste nuestros ruegos.
Te cantaremos delante de tus ángeles,
te adoraremos en tu templo.
R. Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
Señor, te damos gracias
por tu lealtad y por tu amor:
Siempre que te invocamos nos oíste
y nos llenaste de valor.
R. Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan,
al escuchar tus prodigios.
Que alaben tus caminos,
porque tu gloria es inmensa.
R. Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles.

Aclamación antes del Evangelio

Salmo 102, 21

R. Aleluya, aleluya.
Que bendigan al Señor todos sus ejércitos,
servidores fieles que cumplen su voluntad.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

– Señor, hay un tiempo para orar y un tiempo para actuar. Danos la gracia de discernirlo, y así te pedimos.
– Señor, hay un tiempo para pensar en nuestro prójimo. Danos la gracia de poder servir humilde y generosamente a nuestros hermanos, y así te pedimos.
– Señor, hay un tiempo para trabajar por tu Reino. Danos la gracia de servirlo cada día en nuestra vida cotidiana, y así te pedimos.

Oración sobre las Ofrendas
Éste es el tiempo, Señor Dios nuestro,
de darte gracias y alabanza
por tus dones de vida y amor
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Con este pan y este vino
te ofrecemos el día de hoy,
las alegrías y los fallos del pasado
y la esperanza y los sueños del futuro.
Estamos seguros de ti y confiamos en ti,
a causa de Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Nacimiento y muerte,
risas y lágrimas,
enfermedad y curación...
Oh Dios, estos son preciosos dones
que proceden de tus manos.
Colma todos estos dones
con la vida, el amor,
y la eterna presencia
de Aquel que es nuestro Pan de Vida,
Jesucristo, nuestro hermano,
para que, guiados por los Santos Arcángeles,
cada día de nuestra vida
llegue a ser para nosotros,
un bendito "Día del Señor”.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
​Hermanos: Hay un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo para nuestro trabajo y para nuestra familia, para encontrarnos con amigos, para descanso y para recreación. Y sin embargo, cualquier cosa que hagamos… hagámosla en el nombre del Señor. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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