TRIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

“CONOCE TU LUGAR: EL DEL SERVICIO”

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro, que enalteces a los humildes:
Tu Hijo Jesús vino a nuestro mundo
como el Siervo de todos
y tuvo especial cariño por los desvalidos y desamparados.
Con él, haz que sepamos respetar y apreciar
a los débiles, los indefensos y los humildes,
y aceptar ser contados entre ellos.
Disponnos para ayudarlos
y para buscar la ayuda que ellos puedan brindarnos,
pues tú también has derramado
tu misericordia sobre nosotros,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Filipenses 1, 18-26

El encarcelamiento y las dificultades que Pablo tiene que atravesar son nada en comparación con el anuncio de Cristo.

18

¡Qué importa! En cualquier caso, sea como pretexto o sinceramente, Cristo es anunciado, y de ello me alegro y me alegraré;

19

porque sé que esto servirá para mi salvación, gracias a las oraciones de ustedes y por el auxilio del Espíritu de Jesucristo.

20

Espero y aguardo no desanimarme por nada; al contrario, estoy completamente seguro de que ahora como siempre, viva o muera, Cristo será engrandecido en mi persona.

21

Porque para mí la vida es Cristo y morir una ganancia.

22

Pero si mi vida corporal va a producir fruto, no sé qué escoger.

23

Las dos cosas tiran de mí: mi deseo es morir para estar con Cristo, y eso es mucho mejor;

24

pero para ustedes es más necesario que siga viviendo.

25

Ahora bien, estoy convencido de que me quedaré y seguiré con ustedes para que progresen y se alegren en la fe;

26

y así, mi vuelta y mi presencia entre ustedes les será un nuevo motivo de satisfacción en Cristo Jesús.

Salmo Responsorial

Salmo 41, 2. 3. 5bcd

R. (3a) Mi alma te busca a ti, Dios mío.
Como el venado busca
el agua de los ríos,
así, cansada, mi alma
te busca a ti, Dios mío. R.
R. Mi alma te busca a ti, Dios mío.
Del Dios que da la vida
está mi ser sediento.
¿Cuándo será posible
Ver de nuevo su templo? R.
R. Mi alma te busca a ti, Dios mío.
Recuerdo cuando íbamos
a casa del Señor,
cantando, jubilosos,
alabanzas a Dios. R.
R. Mi alma te busca a ti, Dios mío.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 11, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 14, 1. 7-11

Nuestro Señor nos invita a su mesa. Él sabe que tenemos defectos, que lo hemos ofendido; conoce el mal que hemos hecho y el bien que hemos omitido. Pero nos ama y nos invita a sentarnos a su mesa con él. Participemos humildemente en su banquete eucarístico y pidámosle que nos haga mejores, más fraternos, más misericordiosos.

1

Sana a un hidrópico 

Un sábado que entró a comer en casa de un jefe de fariseos, ellos lo vigilaban.

7

Los primeros puestos 

Observando cómo elegían los puestos de honor, dijo a los invitados la siguiente parábola:

8

—Cuando alguien te invite a una boda, no ocupes el primer puesto; no sea que haya otro invitado más importante que tú

9

y el que los invitó a los dos vaya a decirte que le cedas el puesto al otro. Entonces, lleno de vergüenza, tendrás que ocupar el último puesto.

10

Cuando te inviten, ve y ocupa el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, acércate más. Y quedarás honrado en presencia de todos los invitados.

11

Porque quien se engrandece será humillado, y quien se humilla será engrandecido.

Oración de los Fieles

– Señor, en nuestro mundo los poderosos son respetados y los humildes, despreciados. Recuerda y bendice a los humildes. Por eso te decimos.
– Señor, en muchos de nuestros hogares, vecindarios o localidades hay enfermos, ancianos, personas solas, vulnerables, que son desatendidas y abandonadas. Recuerda y bendice a todos ellos y a todos los que sufren. Por eso te decimos.
– Señor, muchos niños pobres y migrantes, y muchos ancianos sin hogar, tienen solamente la calle donde vivir y dormir. Recuérdalos a todos, bendícelos y alivia sus penas con la solidaridad de sus hermanos. Por eso te decimos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú no tienes en cuenta
la pobreza de nuestros corazones
y nos has dado un puesto de honor
en la mesa de tu Hijo.
Junto a él vamos a participar
del Pan de Vida
y del Vino de Salvación.
Que aprendamos de él a vivir
al servicio de todos,
para que un día puedas
reservarnos un puesto,
por humilde que sea,
en el banquete de la fiesta eterna,
junto al mismo Jesucristo, tu Hijo,
nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Aquí estamos ante ti como huéspedes,
invitados a tu mesa por tu Hijo Jesucristo.
Te damos gracias porque él nos ha aceptado
sin juzgarnos ni condenarnos,
a pesar de que nuestra fe es vacilante
y frecuentemente cojeamos y caemos
cuando intentamos seguirlo.
Disponnos también a aceptar en nuestra vida,
como amigos y huéspedes, a los pobres y a los débiles,
justamente como tú nos has aceptado a nosotros
en Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Si queremos que Jesús, el Señor, viva entre nosotros, solamente hay un lugar que nos cuadra bien: el último lugar, el puesto de la gente que sabe cómo servir. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezcan para siempre.

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