DECIMOCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
“TÚ NOS DAS NUESTRO ALIMENTO”
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, Padre bondadoso y compasivo:
Tú enviaste a tu Hijo Jesucristo para alimentar
a todos los que tienen hambre, material o espiritual.
Haznos compasivos
con todos los pobres de nuestros días.
Enséñanos a verlos y ser sensibles a sus necesidades,
a sufrir con ellos, a compartir sus angustias,
a vendar sus heridas y a calmar sus hambres y ansiedades.
Danos fortaleza para hacer todo esto
en virtud de la fuerza que Jesús nos da en cada eucaristía,
al entregársenos como incomparable alimento.
Te lo pedimos por el mismo Cristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
El verdadero profeta es el que dice y proclama lo que Dios le inspira, aunque su palabra sea desafiante y desagradable. El falso profeta es el que dice y proclama lo que el pueblo quiere oír. Hace componendas con la verdad y consigo mismo. Algunos hablan y ventilan oráculos para gratificarse a sí mismos, para escuchar su propia voz. Y los que no viven según lo que predican también pertenecen en cierta medida al grupo de los falsos profetas.
Jeremías y Ananías
Ese mismo año, el cuarto del reinado de Sedecías en Judá, el mes quinto, Ananías, hijo de Azur, profeta natural de Gabaón, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de toda la gente:
–Así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Rompo el yugo del rey de Babilonia.
Antes de dos años devolveré a este lugar todo el ajuar del templo que Nabucodonosor, rey de Babilonia, acaparó y se llevó a Babilonia.
A Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los judíos desterrados en Babilonia yo los haré volver a este lugar –oráculo del Señor–. Porque romperé el yugo del rey de Babilonia.
El profeta Jeremías respondió al profeta Ananías, en presencia de los sacerdotes y del pueblo que estaba en el templo;
el profeta Jeremías dijo: –¡Amén, así lo haga el Señor! Que el Señor cumpla tu profecía trayendo de Babilonia a este lugar todo el ajuar del templo y a todos los desterrados.
Pero escucha lo que yo te digo a ti y a todo el pueblo:
Los profetas que nos precedieron, a ti y a mí, desde tiempo inmemorial, profetizaron guerras, calamidades y epidemias a muchos países y a reinos dilatados.
Cuando un profeta anunciaba prosperidad, sólo al cumplirse su profecía era reconocido como profeta enviado realmente por el Señor.
Entonces Ananías le quitó el yugo del cuello al profeta Jeremías y lo rompió,
diciendo en presencia de todo el pueblo: –Así dice el Señor: Así es como romperé el yugo del rey de Babilonia, que llevan al cuello tantas naciones, antes de dos años. El profeta Jeremías se marchó por su camino.
Después que el profeta Ananías rompió el yugo que el profeta Jeremías llevaba al cuello, el Señor le dirigió la palabra:
–Ve a decirle a Ananías: Así dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, yo lo sustituiré con un yugo de hierro.
Pues así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Yugo de hierro pondré al cuello de todas estas naciones, para que estén sometidas a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y hasta las fieras del campo le daré como servidores.
El profeta Jeremías dijo al profeta Ananías: –Escúchame, Ananías: el Señor no te ha enviado, y tú infundes a este pueblo una falsa confianza.
Por eso, así dice el Señor: Yo te echaré de la superficie de la tierra. Este año morirás, por haber predicado rebelión contra el Señor.
El profeta Ananías murió aquel año, el mes séptimo.
Salmo Responsorial
Salmo 118, 29. 43. 79. 80. 95. 102
R. (68b) Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Apártame de los caminos falsos,
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. R.
R. Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Que se vuelvan hacia mí tus fieles,
los que hacen caso de tus preceptos.
Que sea mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado. R.
R. Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Los malvados me esperaban para matarme,
pero yo meditaba tus preceptos.
No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R.
R. Enséñame, Señor, tus mandamientos.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Maestro, tú eres el Hijo de Dios,
tú eres el rey de Israel.
R. Aleluya.
Evangelio
(Año A) Mateo 14, 22-36
Sabemos que un inmenso número de personas, en muchas partes del mundo, no tienen lo suficiente para comer cada día. Muchos otros tienen alimento en abundancia, y sin embargo están hambrientos de otro modo porque la gente no vive de solo pan: Sienten necesidad de paz y de amor, anhelan como hambrientos la justicia y el aprecio; sienten necesidad de Dios. Nosotros, como discípulos de Jesús hoy, no podemos permanecer indiferentes a esas formas de hambre, porque Jesús nos ha dicho: “Denles ustedes mismos algo de comer.”
(Años B y C) Mt 14,22-36
Jesús redefine el verdadero sentido de la pureza. Uno es puro no por las abluciones rituales sino por la fidelidad a la ley de Dios. Las tradiciones y costumbres humanas que obstaculizan la ley de Dios deben ser abolidas. Lo que cuenta es el espíritu de la ley, no la letra.
Camina sobre el agua
Enseguida mandó a los discípulos embarcarse y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo.
La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario.
Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago.
Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron:
—¡Es un fantasma!
Y gritaban de miedo.
Pero [Jesús] les dijo:
—¡Anímense! Soy yo, no teman.
Pedro le contestó:
—Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti.
—Ven, le dijo.
Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús;
pero, al sentir el [fuerte] viento, tuvo miedo, entonces empezó a hundirse y gritó:
—¡Señor, sálvame!
Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo:
—¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
Cuando subieron a la barca, el viento amainó.
Los de la barca se postraron ante él diciendo:
—Ciertamente eres Hijo de Dios.
Sanaciones en Genesaret
Terminaron la travesía y atracaron en Genesaret.
Los hombres del lugar lo supieron y difundieron la noticia por toda la región. Le llevaron todos los enfermos
y le rogaban que les permitiese nada más rozar el borde de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.
Oración de los Fieles
– Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que, proclamando con convicción y ardor el mensaje de la Buena Nueva del Señor, satisfagan el hambre multiforme de la gente: hambre de pan y de saber, de amor y justicia, de verdad y esperanza, roguemos al Señor.
– Por los gobernantes y líderes políticos del mundo, por los científicos y economistas. Para que colaboren en resolver el problema del hambre en el mundo y en ofrecer a un mundo con hambre no solo alimento material, sino también dignidad, respeto, justicia y paz, roguemos al Señor.
– Por los enfermos y los que se sienten solos; por los discapacitados y desalentados; por los que tienen hambre de amor y de aceptación social. Para que nuestra sensibilidad y amor sean para ellos signos vivientes de que Dios no los abandona, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Te damos gracias por este pan y este vino
y por hacerlos signos vivos
de la presencia de tu Hijo entre nosotros.
Traemos ante ti, por medio de Jesús,
las hambres, los nobles anhelos
y las aspiraciones de todos.
Que Jesús multiplique aquí y ahora para nosotros
en esta santa eucaristía,
el Pan de Vida que nos haga fuertes
y el vino de alegría que nos dé esperanza.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio del Pan de Vida de tu Hijo Jesucristo,
multiplica en nosotros la capacidad para amar.
Danos valor para poner en práctica
las palabras que tu Hijo nos ha dirigido:
“Denles ustedes de comer”.
Ayúdanos a compartir con ellos
no solo nuestro pan y otras cosas materiales,
sino también nuestra alegría y compasión,
nuestras esperanzas y nuestro amor.
Te lo pedimos en nombre del mismo Jesús el Señor.
Bendición
Hermanos: El que Jesús se dé a nosotros en la Eucaristía tiene doble significado: Primero, que tenemos que preocuparnos por los hambrientos y desposeídos, y hacer lo que podamos para ayudarlos. Y segundo, que nosotros también nos comprometemos y nos entregamos los unos a los otros, poniéndonos al servicio de todos. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
