DECIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Los hambrientos son alimentados / “Denles ustedes mismos de comer”

Ciclo Litúrgico: A

Introducción

Saludo (Ver la Primera Lectura)
El Señor nos invita:
“Escúchenme
y tendrán buen alimento para comer
y rica comida para disfrutar.”
Que el Señor los alimente con su Cuerpo
y que esté siempre con ustedes.

Introducción del Sacerdote (Dos opciones)
1. Los hambrientos son alimentados
En cada celebración eucarística Jesús nos invita a comer y beber con él. Nosotros somos los invitados no sólo de la Última Cena sino también de la multiplicación de los panes. Estábamos presentes allí como lo estamos aquí. Jesús no quiere que sigamos hambrientos de todo lo que podemos encontrar en él, de todo lo que es bueno y valioso. Él se da a sí mismo a nosotros y está pidiéndonos que nosotros hagamos lo mismo con nuestras hermanas y nuestros hermanos: “Denles ustedes mismos de comer; dense a sí mismos”. Le pedimos al Señor que nos ayude a realizar esto.

2. “Denles ustedes mismos de comer”
Los medios de comunicación nos recuerdan casi a diario el hambre física de alimento en muchas partes del mundo. Hay también mucha hambre espiritual, hambre y sed de valores, de algo a lo que agarrarse y que hay que esperar. Jesús dio a la gente el alimento de la compasión, de su Palabra de perdón, y especialmente el alimento de sí mismo, de su Cuerpo. Nos invita ahora a nosotros, sus discípulos hoy, a entregarnos como alimento y bebida para otros. Pedimos durante esta eucaristía valor para realizarlo.

Acto Penitencial
¿Hemos agradecido mucho a Jesús
por haberse entregado a nosotros?
¿De qué modo y con qué intensidad
nos hemos entregado a los demás?
Examinémonos ante el Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú eres el Pan que da Vida al mundo.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú eres el Pan que nos fortalece
en el camino de la vida.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú eres el Pan que nos da vida eterna.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Por tu bondad, perdónanos, Señor.
Sostennos en nuestra peregrinación hacia ti
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que podamos aprender de Cristo
a alimentar a los hambrientos.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro compasivo:
Tú viste con agrado que tu Hijo Jesucristo
diera alimento a todos los hambrientos
de cualquier clase de hambre.
Danos la gracia de ser compasivos
para con todos los pobres de nuestros días.
Enséñanos a percibir sus necesidades,
a sufrir con ellos, a compartir su angustia,
a vendar sus heridas y a aplacar sus hambres.
Danos la fuerza necesaria para hacer todo esto
en virtud de la fuerza del alimento que Jesús nos da
en cada eucaristía: su mismo Cuerpo.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Isaías 55, 1-3

“Vengan, escuchen, coman y beban”
En tiempo de necesidad, Dios anima a su pueblo por medio del profeta Isaías. A los que tienen hambre y sed de él y lo escuchan, se les dará todo en abundancia.

1

Alianza del Señor

¡Atención, sedientos!,

vengan por agua;

también los que no tienen dinero: vengan,

compren trigo, coman sin pagar,

vino y leche gratis.

2

¿Por qué gastan dinero en lo que no alimenta?, ¿y el salario en lo que no deja satisfecho? Escúchenme atentos, y comerán bien, se deleitarán con platos sustanciosos.

3

Presten atención y vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes alianza perpetua, la promesa que aseguré a David:

Salmo Responsorial

Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18

R. (cf. 16) Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus criaturas. R.
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.
A ti, Señor, sus ojos vuelven todos
y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas
y cuantos viven quedan satisfechos. R.
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.
Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. R.
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.

Segunda Lectura

Romanos 8, 35. 37-39

Nada puede separarnos del Amor de Cristo
En sus necesidades y dificultades, los cristianos deberían seguir confiando en Dios. Nuestra fe nos asegura que Dios nunca nos abandonará porque nos ha mostrado cuánto nos ama al darnos a Jesús, su Hijo.

35

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada?

37

En todas esas circunstancias salimos más que vencedores gracias al que nos amó.

38

Estoy seguro que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes

39

ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 4, 4b

R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 14, 13-21

Comieron todos y quedaron satisfechos
Con palabras muy cercanas a las de la institución de la Eucaristía, el evangelista nos relata cómo Jesús alimentó a una muchedumbre hambrienta y cómo pudieron comer hasta quedar satisfechos. Los discípulos distribuyeron la comida.

13

Da de comer a cinco mil

Al enterarse, Jesús se fue de allí en barca, él solo, a un paraje despoblado. Pero lo supo la multitud y lo siguió a pie desde los poblados.

14

Jesús desembarcó y, al ver la gran multitud, se compadeció y sanó a los enfermos.

15

Al atardecer los discípulos fueron a decirle:
—El lugar es despoblado y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a los pueblos a comprar algo de comer.

16

[Jesús] les respondió:
—No hace falta que vayan; denle ustedes de comer.

17

Respondieron:
—Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.

18

Él les dijo:
—Tráiganlos.

19

Después mandó a la multitud sentarse en la hierba, tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, dio gracias, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; ellos se lo dieron a la multitud.

20

Comieron todos, quedaron satisfechos, recogieron las sobras y llenaron doce canastos.

21

Los que comieron eran cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Oración de los Fieles

Cuando la gente que lo seguía sintió hambre, el corazón de Jesús se llenó de tristeza y compasión. Presentémosle ahora todas las preocupaciones y todas las hambres de nuestros hermanos necesitados, y digámosle: R/ Señor, satisface nuestra hambre.

– Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y diáconos, para que puedan satisfacer el hambre del pueblo, hambre de amor y justicia, de verdad y esperanza, proclamando sin componendas el mensaje de la Buena Noticia de Jesús, roguemos al Señor.
– Por la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, para que sepa en todas partes ayudar a las gentes a descubrir y expresar sus aspiraciones más profundas y las enriquezca con los más elevados valores del Evangelio, roguemos al Señor.
– Por los gobernantes y líderes políticos del mundo, por los científicos y economistas, para que colaboren desinteresadamente procurando solucionar el problema del hambre en el mundo, y provean a un mundo hambriento no sólo alimento material sino también dignidad, justicia y paz, roguemos al Señor.
– Por los enfermos y por los que viven en soledad, por los discapacitados y los desalentados, por los que tienen hambre de amor y de aceptación, para que nuestro amor y preocupación por ellos sean signos de que Dios no los abandona, roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, que ninguna prueba ni inquietud nos separe del amor del Padre, que se ha acercado a nosotros por medio de ti, Señor nuestro, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Te damos gracias por este pan y este vino
y por hacerlos signos
de la presencia de tu Hijo en el mundo.
Por medio de él te presentamos
las miserias y las aspiraciones de todos.
Que él multiplique aquí para nosotros
el Pan de Vida que nos fortalezca
y el vino de alegría que nos dé esperanza.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Lo que Jesús hizo a favor de la muchedumbre hambrienta lo hace de nuevo para nosotros aquí y ahora: Nos da de comer, y él mismo es el alimento repartido. Con el mismo Jesús, demos gracias al Padre.

Introducción al Padre Nuestro
Pidamos a Dios, nuestro Padre,
el alimento que necesitamos cada día;
también el pan de la Eucaristía.
R/ Padre nuestro…

Al partir el Pan
Como el rito de partir el Pan en la Misa pasa casi desapercibido –ya que tiene lugar durante el rezo del “Cordero de Dios”– y sin embargo es muy significativo, sería bueno llamar la atención sobre él de cuando en cuando, después de la Plegaria de la paz, con palabras como éstas, mostrando la hostia y partiéndola:

Rompemos este Pan de Vida como un signo de que Jesucristo mismo fue despedazado en su Pasión para darnos su vida. Que esta acción de partir el Pan sea también un signo de que cada uno de nosotros está dispuesto a compartir la propia comida y la propia vida con otros y a vivir juntos en paz con todos.
Que la paz del Señor esté siempre con ustedes.

Invitación a la Comunión
Éste es el Cuerpo de Cristo, el Cordero de Dios
y el pan que el Padre nos da.
Dichosos nosotros, invitados al banquete
que el Señor ha preparado para nosotros.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Por medio del Pan de Vida de tu Hijo Jesucristo,
multiplica en nosotros nuestra capacidad de amar.
Danos fuerza para poner en práctica
las palabras que hoy nos dirige tu Hijo:
“Denles ustedes mismos de comer”.
Ayúdanos a compartir con ellos
no sólo nuestro alimento material
sino también nuestra alegría y nuestra compasión,
nuestras esperanzas y nuestro amor.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Cuando venimos juntos a recibir al Señor en la Eucaristía, él está aquí para nosotros, no sólo para consolarnos y para fortalecernos en nuestra vida cristiana, sino también para desafiarnos a repetir lo que él hizo: Compartir nuestro pan con los hambrientos y ayudarnos siempre unos a otros.
Para que el Señor nos dé esta fuerza, pedimos su bendición: Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Scroll to Top