Reconstrucción de Jerusalén.

Estos versos se proyectan más allá de la historia. Dios está fundando una ciudad eterna (cfr. Ap 21,18-21), segura y preciosa que ya no sufrirá ni será humillada como antes (14), reforzando la promesa hecha a Noé (54,9) de que las aguas nunca más destruirán la tierra. Dios controlará la industria de las armas y su poder destructivo para asegurar la paz (16).

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