El Señor habla con ternura y sin reproches a Israel, como a una esposa que había sido abandonada y ahora es aceptada de nuevo (7-8). Por el amor y la fidelidad eternos de Dios hacia su pueblo (8-10), Jerusalén y las ciudades desiertas de Judá serán repobladas con los exiliados que regresan a su tierra (2-3). La «alianza de paz» indica la plenitud de la bendición del Señor y la protección del pueblo contra cualquier mal futuro (cfr. Nm 25,12; Ez 34,25).
