Este último cántico del siervo fue considerado por la primera comunidad cristiana como la profecía más importante sobre la muerte y exaltación de Jesús (cfr. He 8,32-35). Al comienzo del poema, Dios presenta a su siervo, a quien ha llamado para una misión destinada a Israel y a las naciones (42,4; 49,5-6). El Señor también concluye el oráculo, calificándolo de inocente/justo, ofrecido por el pueblo (11). El «nosotros» del poema representa a Israel, que es redimido por el sufrimiento de este siervo inocente, quien asume el castigo que le correspondería al pueblo (4-5). El sufrimiento del siervo es redentor, es decir, justifica al pueblo rebelde (5). Esta idea se refuerza con la comparación del siervo con el cordero que será sacrificado (cfr. Lv 9,3; 14,13.21.24; Jn 1,29.36; 19,33). Entre la exaltación del siervo, pronunciada por el Señor al comienzo y al final del poema, se muestran los distintos momentos de su vida: nacimiento y vida oculta (2), sufrimiento (3-7), condena y muerte (8), sepultura (9) y exaltación (10-11; cfr. Fil 2,6-11). La entrega del siervo, herido y traspasado por los pecados del pueblo, logra la conversión y el cambio de actitud de este (cfr. Zac 12,10).
