A los embajadores.

De nuevo, Jeremías se vale de una acción simbólica para ilustrar sus palabras; esta vez, se trata de la imagen de un yugo semejante a los que imponían a los bueyes, que muestra el estado en que quedarán todos los reinos cuando Nabucodonosor los someta. Para el profeta, es claro que el Creador y Dueño de toda la tierra puede dársela temporalmente a quien quiera (5); esta vez, la poseerá Nabucodonosor (6s), con la garantía de que el mismo Señor pondrá en sus manos a todo el que intente resistir (8). Ante semejante respaldo, no tiene caso rebelarse (9).

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