Se retoman las circunstancias en que Jeremías había pronunciado un discurso contra el templo (7,1-15) y las violentas reacciones que ello suscitó (8s). Las palabras de Jeremías generan conflicto y división: los sacerdotes y profetas lo acusan de blasfemo, por lo cual debe morir (11); los jefes del pueblo reconocen que es inocente (16); en medio está el pueblo, que al principio se muestra hostil a Jeremías (7-9), pero posteriormente lo reconoce como verdadero profeta (16).
