Jeremías sufre enormemente debido a la desacralización o abuso de las «santas palabras» de Dios. El profeta es el hombre de «la Palabra» del Señor: su vida y misión están definidas por «la Palabra». Los falsos profetas, por el contrario, mienten (14) y embaucan al anunciar el fruto de su propia imaginación y no la Palabra de Dios (16). Otros profetizan sin haber sido enviados por el Señor (21).
