Tal como están las cosas, hasta Dios mismo se resiste a escuchar la oración del profeta a favor del pueblo. Ni el mismo pueblo parece muy interesado en la intercesión de Jeremías, pues está muy empeñado en rendir culto a otras divinidades; aquí se menciona, en concreto, a la «reina del cielo». Al parecer, se trataba de una divinidad muy popular, conocida también como «Diosa madre»; en Mesopotamia la llamaban Istar y en Canaán Astarté; su culto y sus rituales estaban orientados a la fertilidad.
