Mediante una nueva acción simbólica, Ezequiel ilustra a su pueblo cuál es el querer de Dios. Si en la visión de los huesos revivificados está presente la idea de la resurrección del pueblo, ese pueblo no puede revivir sin seguir siendo igual. La resurrección implica la reunificación de las doce tribus de Israel, regidas ahora por una sola y única autoridad (24), con un único santuario (28), donde el Dios de la alianza fijará su morada para quedarse con su pueblo.
