Tres primeras visiones.

En los versículos 1-6 encontramos las dos primeras visiones, que poseen, por lo menos, dos cosas en común: 1. Se trata del plan del Señor para exterminar a su pueblo valiéndose de dos catástrofes naturales: la plaga de las langostas (1-2a) y una sequía (4). 2. Del modo más natural, Amós intercede por su pueblo (2b.5), el Señor lo escucha y se abstiene de destruirlo (3.5). La intercesión, como sabemos, era otro de los elementos constitutivos del ministerio profético (cfr. Jr 14, 19-22; 37,3; 42,2). El motivo de la intercesión de Amós coincide con el del arrepentimiento del Señor: la pequeñez del pueblo. Pero ¿sabrá Israel mantener esa conciencia de ser «pequeño» y necesitado de Dios? En los versículos 7-9 encontramos la tercera visión. La plomada invierte su función y se convierte en un arma de destrucción. El edificio amenaza con ruina y no se mantendrá en pie. Amós sabe que no tiene caso interceder. Israel mismo ha elegido su destino, va a la autodestrucción.

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