Esta visión manifiesta los escrúpulos relativos a la pureza necesaria para la reconstrucción de la ciudad y del nuevo templo. Dos tipos de pecados sintetizan a todos los demás: el robo, que podríamos entender como un pecado de índole ético-social, y el perjurio, como atentado contra las sanas relaciones con Dios o como pecado ético-religioso. Ambos pecados deben desaparecer por completo para avanzar con las tareas de reconstrucción.
