Cuarta: La visión terrible.

El ayuno y la meditación de la Palabra dan fruto. La visión del hombre vestido de lino con el cinturón de oro deslumbra y debilita a Daniel (Ap 1,13). Luego, a través de mediadores -ángeles-, Dios revela sus designios (Gabriel) a su “predilecto” y dirige un combate celestial (Miguel) con repercusiones en la historia humana (Ap 12,7-9). 

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