Maldiciones.

Si escuchar y obedecer al Señor atrae la bendición, la desobediencia trae consigo la «maldición». Puede que categorías como «bendición» y «maldición» no nos produzcan hoy el mismo impacto que causaban en la conciencia del creyente antiguo, pues, de una u otra forma, ambas estaban ligadas a la magia.
Al paso que Israel fue descubriendo las ventajas de ajustar su vida a normas religiosas, morales y sociales, también fue descubriendo que los tropiezos, las dificultades y los fracasos po-dían ser síntomas de infidelidad y de desobediencia a su Dios, y con toda naturalidad atribuyó a él sus malaventuras. La lectura que Israel hace de sus fracasos es la de un castigo justamente merecido por su infidelidad y desobediencia al Señor.
La interminable lista de maldiciones y consecuencias funestas de esta infidelidad y desobediencia no es, en realidad, una «predicción» de lo que le sucedería al pue-blo si se desviaba del camino de la Ley. En realidad, son una manera de describir situaciones críticas por las que el pueblo ya ha pasado y que la corriente deuteronomista (D) convierte en material pedagógico para ilustrar los alcances de la maldición.

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