28,69 indica que aquí comienza la historia de la segunda alianza realizada en la llanura de Moab, ya señalada en los capítulos 1–4. Era necesario establecer una nueva alianza, puesto que todos los que habían partido de Egipto habían muerto en el desierto. 29,1-10 resume los acontecimientos que dieron lugar a la salida de Egipto y los signos de amor compasivo con los que Dios sostuvo al pueblo a través del desierto. Signos que Israel no había podido entender, pero que ahora entiende perfectamente (29,3). Por eso, el pueblo debe disponerse a contraer un pacto con ese Dios y con ninguno otro, pues es el único que les garantiza la vida.
Los términos concretos de la Alianza los encontramos en 29,11s: «Dios te constituye pueblo suyo y él será tu Dios». Esta Alianza será aceptada y respetada no solo por quienes están presentes hoy, sino también por todos los que vendrán (29,13s). Su incumplimiento acarreará las maldiciones y desgracias «escritas en este libro» (29,17-20).
