Vocación de Moisés.

Este largo episodio del encuentro y diálogo entre Dios y Moisés encierra una gran riqueza de contenido. El Dios que se revela a Moisés es el mismo Dios de los patriarcas (3,6.13.15); se trata de un Dios que, sin perder su trascendencia, se interesa por la situación del débil y marginado. El acercamiento de Moisés –y del ser humano– no es de cualquier modo; debe quitarse las sandalias y cubrirse el rostro en gesto de respeto y veneración. Los versículos 7-15 describen la vocación de Moisés y la misión a la que es llamado. Y revelan también la esencia íntima de Dios (3,7s).
Esta revelación adquiere un nuevo sentido en la época del exilio israelita en Babilonia (587-534 a. C.). Esta es la Buena Noticia: el dios o los dioses que justifican la opresión y las políticas del faraón no tienen nada que ver con el Dios de la justicia y de la libertad; «Yo soy» es el Dios que rescata, el Dios que se lo juega todo a favor de la vida y de la libertad de su pueblo oprimido.

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