Funeral de Jacob – Muerte de José.

Llegamos con este capítulo al final de una historia que intentó poner de manifiesto las raíces ancestrales de un pueblo, ligado al bien y al mal, a la bendición, a los castigos y, que se prepara para comenzar una nueva era, no ya en torno a una figura patriarcal, sino a una coyuntura histórica en tierra egipcia. Se podría decir que la muerte de Jacob y de José pone punto final a una era y abre el camino para iniciar otra. El capítulo puede dividirse en tres secciones bien definidas:
1. Muerte y sepultura de Jacob: José cumple puntualmente su juramento de sepultar a su padre en Canaán, frente a Hebrón, junto a sus parientes; se subraya que, tras los funerales, José regresa a Egipto (5b.14).
2. El arrepentimiento de los hermanos de José y la petición formal de perdón por la acción cometida contra él: pese a que en 45,4-8 José ha declarado a sus hermanos libres de toda culpabi-lidad, ellos recuerdan de nuevo el caso y sienten temor a alguna represalia de su parte. Por primera vez, confiesan su culpa y, una vez más, declaran su sumisión a José (17, 18). Arrepentimiento y absolución también podrían entenderse como un artificio literario, mediante el cual el redactor israelita quiere dejar claro que el cambio de suerte que tendrá el pueblo que desciende de este grupo no tiene nada que ver con el pecado que han cometido; que la esclavitud en Egipto no es un castigo ni una retribución por ello. Se trata, por encima de todo, del extremo de la injusticia, protagonizado por el egoísmo y la codicia faraónica, que servirá para que Dios manifieste su poder, revelándose y dándose a conocer como Dios liberador. José declara su perdón y olvido, y al mismo tiempo subraya que él mismo está en manos del misterioso plan divino, que se vale aún de acciones tan negativas como la de sus hermanos para realizar sus designios.
3. Conclusión del libro: José muere anciano y colmado de años, descripción que se ha hecho de todos sus antepasados para decir que muere muy bendecido. No pide que su cuerpo sin vida sea llevado de inmediato a Canaán, como lo hizo Jacob; como si supiera la suerte que espera a su pueblo en Egipto, solamente pide que, cuando Dios se ocupe de ellos y los haga salir de este país, lleven consigo sus huesos.

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