Los hermanos de José: primer encuentro.

Las posibilidades de producción agrícola de Egipto, gracias a la inundación periódica del Nilo y a la posterior retirada de sus aguas, que dejaba al descubierto vastísimos campos aptos para la siembra, le dan ventaja sobre muchos otros países. El hambre que azota a los países vecinos hace que muchas caravanas se dirijan a Egipto para comprar trigo y alimentos; entre ellas se encuentran los hijos de Jacob, que, al llegar ante José, se postran en señal de sumisión y respeto, y así se cumplen sus sueños, como él mismo recuerda (6-9; cf. 43,26).
El arte narrativo de este capítulo vuelve a demostrar la ley de la retribución: los hermanos de José así lo reconocen y lo aceptan (21s), y lo mismo hace el propio Jacob (36). Al mismo tiempo, el capítulo trata de resaltar la actitud bondadosa de José, que no busca la revancha contra sus hermanos, sino que, por el contrario, quiere favorecerlos a ellos y a su padre en una encrucijada tan extrema como la escasez y el hambre. La tensión del relato aumenta con la rotunda negativa de Jacob a permitir que su ahora hijo predilecto, Benjamín, sea también llevado a Egipto (38).

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